La claridad amenazaba con retirarse. Los minutos previos al ocaso cuentan con una electricidad especial que pareció darle valor a Mora, quien acariciaba una de las piernas desnudas de Stany sobre su propia cama. El paso a la habitación había quedado determinado en el momento en el que ella había decidido quitarse la remera. Stany había vuelto a olvidar la lista de razones por las que no debería continuar junto a ella para lanzarse sobre sus labios y reclamarlos sin piedad. Su piel era tan suave como la recordaba y sus dedos siguieron el camino de memoria. Mientras bebía de su boca, dibujaba el contorno de su cintura para finalmente tomarla con sus brazos y sentarla justo sobre él. Ella había enterrado sus dedos en su cabello y lo revolvía con premura, mientras sus caderas se contorne

