Archie terminó de vestirse luego de haberse tomado dos duchas, alisó con sus manos su suéter y arregló el cuello alto de este. Satisfecho con su resultado, asintió y tomó sus lentes para colocárselos.
Dándose media vuelta, se detuvo automáticamente al contemplar la camisa que descansaba al borde de su cama, sus ojos se entrecerraron mientras se acercaba a la prenda como si fuera un animal peligroso, a pesar de que sabía perfectamente de que se trataba de un simple objeto inanimado, algo para vestir.
En sí, el problema no era la camisa, sino a quién pertenecía esta.
Había sido algo extraño, él se estaba comportando raro.
Al llegar a su casa lo primero que hizo fue quitarse toda su ropa y tomar un largo baño, incluso revisó su pecho en busca de alguna herida por el café derramado sobre él, pero no se encontró con nada particularmente malo.
Lo malo y raro, había sido cuando fue la hora de dormir. Lily se había retirado a su casa después de acosarle por su extraña pregunta tras bajarse del taxi, rindiéndose cuando entendió que no hablaría de lo que había sucedido, pero prometiendo que volvería para seguir molestándole por una respuesta.
Siguiendo su rutina, Archie aseguró cada ventana y puerta antes de subir a su habitación, tomando otra ducha, pero cuando se había colocado su pijama y estaba listo para ir a la cama, por alguna extraña razón, su cuerpo actúo antes que su mente y cuando se dio cuenta, se había acostado con la camisa de Cedric entre sus manos.
Aquella del mismo hombre que le ayudó en su inesperado ataque de pánico, el que no había hecho absolutamente ningún comentario de sus gestos y cuidados que, a muchos, les molestaba, y exactamente el mismo… Que lo había acosado en el baño invadiendo todo su espacio personal.
Si esa llamada no hubiera interrumpido, no sabría lo que podría haber ocurrido, ni cómo habría reaccionado él.
Y lo peor de todo, era que la curiosidad que tenía al respecto lo estaba molestando, pero lamentablemente nada podía hacer para satisfacerla, lo que en parte le tranquilizaba y a la vez le molestaba.
Según los estándares de bellezas masculinas, estaba seguro de que Cedric Bozeman se encontraba en el primer lugar con su buen rostro, cuerpo, altura y esa aura de dominio y poder que gritaba ser todo un alfa, un líder.
Una cualidad muy buena a la cual tanto mujeres como hombres reaccionaban bastante bien, él incluido tal vez, al menos eso explicaría por qué se sentía tan raro al pensar en él, solo era un instinto de su lado más débil que buscaba algo de guía por alguien más fuerte.
Aunque, cuando había llegado a su casa, su primera pregunta al ver a Lily había sido “¿qué es el amor a primera vista?”
Si se trataba de solo una reacción, ¿por qué había preguntado aquello?
Chasqueando sus labios, Archie negó con su cabeza para disipar esos pensamientos e incertidumbre. No tenía sentido seguir pensando en ello, él no volvería a ver a Cedric Bozeman por lo que perfectamente podría dejar de pensar en eso.
Empujando sus lentes dos veces, Archie estiró su mano para tomar la camiseta y así arrojarla a la lavadora, pero al tocar la suave tela de excelente calidad, se detuvo a sí mismo y odió la parte dentro de él en que no deseaba lavarla debido a que quería que el aroma de Cedric permanecería en esta.
—Por Dios, ni que fuera un animal —gruñó bajo, frunciendo sus labios.
Pero a pesar de estar decidido, su mano soltó la prenda volviéndola a dejar en su cama y se alejó dirigiéndose a las escaleras.
—Es una tela de muy buena calidad, sin los cuidados correctos podría arruinarla completamente. Sí, podría arruinarla —murmuró ignorando su pobre intento de excusa.
Bajando, contó sus pasos mientras se dirigía a las ventanas, corriendo sus cortinas y quitándole el seguro. Contempló como el blanco paisaje no había cambiado mucho, pero Archie sabía que eso pronto terminaría, y la nieve acumulada se derretiría por el calor.
Alejándose, el pequeño humano se dirigió a su escritorio y encendió su computador. Sus ojos se posaron sobre la cajita negra que era una memoria externa y sus dientes atraparon su labio inferior.
Él no había logrado traspasar todos los documentos nuevamente al computador de Cedric.
¿Estaría enojado? ¿Se habría dado cuenta? ¿Le descontó dinero por su equivocación?
Archie jadeó suavemente ante el pensamiento e inmediatamente revisó su cuenta bancaria una vez su computador comenzó a funcionar.
Su ceño se frunció y Archie reinicio la página unas cuatro veces antes de entender que lo que sus ojos estaban viendo, era real. Cedric Bozeman le había depositado el triple de su acuerdo inicial, una cantidad exagerada considerando que ni siquiera había terminado el trabajo bien, y en vez de sentir alivio… Su estómago estaba apretado en molestia e incomodes.
Sabiendo que no había completado todo el trabajo, tal cantidad de dinero la sentía injusta. Y aunque lo hubiera completado, de todas formas, se habría sentido incómodo cuando había hecho algo por tan simple que cualquiera con un mínimo de conocimiento podría haberlo ejecutado también.
Pero ¿qué se supone que debía de hacer? ¿Volver al edificio sin una cita previa? Difícilmente creía que le dejarían entrar de ser el caso.
Y si enviaba un correo explicando, no sabría cuando recibiría una respuesta, pero era mejor que no hacer nada.
Corriendo la silla de su escritorio, Archie se sentó y se acomodó quedando a la distancia perfecta. Entrando a su correo, rápidamente pinchó sobre su último trabajo y escribió explicando su situación, pero antes de que pudiera enviarlo, un golpe molesto le hizo alzar su cabeza con molestia expresada en su rostro.
Cuando contempló a Lily golpeando una de sus ventanas con su cabeza, inmediatamente saltó y fue a su encuentro, abriendo la ventana.
—¿Qué crees que haces? —cuestionó revisando el vidrio de su ventana.
—Intentando llamar tu atención, ¿qué más? —resopló—. ¿Es en serio? Archie… —se quejó observando como el pelirrojo limpiaba la zona que había golpeado con su cabeza.
—¿Qué? —le observó una vez terminó—. No sé en qué lugares ha estado tu cabeza y sé que no eres una persona que se baña constantemente.
—Que grosero —exclamó obligando a retroceder a Archie al acercarse—. Para tu información, me baño cada tres días como toda persona normal, y si me siento de ánimo, rompo mi rutina y lo hago dos días seguidos —informó orgullosamente, empujando todos los alimentos que ocupaban sus brazos hacia él.
—Agh, ¿qué es esto? —cuestionó muy tentado a soltar cada uno de ellos de los cuales no sabía en dónde habían estado y por qué cosas habían pasado.
—Comida —respondió la joven adolescente con obviedad, luchando un poco por entrar a través de su ventana.
Sin resistir más tiempo tener en sus manos y cuerpo aquellos alimentos llenos de gérmenes y otras cosas, Archie fue rápidamente a su cocina abandonando a Lily y los dejó con cuidado en el mesón de la isla. Inmediatamente se lavó sus manos dos veces al deshacerse de ellos y observó su suéter.
—Por favor, no hay nada malo con ellos —resopló su joven amiga—. Me los robe directamente de la fuente de comida, el almacén de una tienda —anunció con tranquilidad.
Observando su suéter, Archie tomó la orilla de este y se lo quitó.
—No sabes cuánta suciedad hay en esos lugares —expresó—. Los dueños simplemente supervisan que los alimentos y objetos sean guardados y los empleados que los ordenan ni siquiera limpian sus manos, luego lo abandonan ahí llenándose de polvo y suciedad hasta que necesiten uno de ellos —informó.
—Si, si, lo que sea —resopló y tiro de un taburete para sentarse en este—. Cocíname, te traje todas las cosas que sabía que no te quejarías —sonrió inocentemente—. Ah, y por favor —añadió tardíamente.
—No necesitabas robar comida para ello —indicó tomando unas toallitas húmedas para limpiar los empaques de la comida.
—Por supuesto que sí, ayer antes de irme registré tu refrigerador y no encontré nada más que leche —anunció.
Archie se detuvo automáticamente y la observó.
—Por favor, dime que no bebiste directamente de la botella.
—No lo hice.
—¿Lo hiciste?
—Sí lo hice.
—Asqueroso, ¿qué te dije de beber directamente de la botella? —reprochó terminando de limpiar.
—Qué no debía de hacerlo —respondió—. Pero sabes cómo trabaja mi cerebro, cuando me dices que no debo, mi cabeza dice sí —se encogió de hombros.
—Sí, pero son mis cosas —frunció el ceño—. Sigues haciéndolo y entonces no te permitiré entrar más —amenazó.
—Siempre encuentro una forma de entrar —se jactó.
—Eso es porque siempre te dejo una entrada —argumentó y Lily frunció el ceño ante ello.
Alejándose, Archie comenzó a preparar el desayuno de ambos con las cosas que había traído Lily.
—Bueno, ¿hoy me dirás de quién te flechaste a primera vista? —preguntó cambiando de tema—. Ayer no me quisiste contar nada.
—Y hoy tampoco —respondió.
—Oh, vamos —se quejó—. ¿No me lo quieres decir porque es un idiota como Ian? —cuestionó.
—No creo que haya alguien más idiota que él —expresó sincero y su joven amiga rió con ello.
—Bueno, sí, tienes razón —aceptó—. Pero entonces dime si era guapo.
—Considerando los estándares que la sociedad tiene sobre la belleza masculina-…
—No me interesa eso —interrumpió Lily—. Quiero saber si tú lo encontraste atractivo, si al verlo quisiste saltarle encima o invadir todo su espacio personal.
Archie dudó antes de asentir suavemente.
—Oh dios mío, ¿esta es la señal que te pedí para saber si Archie es realmente un humano o un robot? —dramatizo.
—Eso es una tontería, si no lo sabías simplemente debiste de haberme preguntado —resopló Archie tomando sus palabras literalmente—. Soy completamente humano, tengo sangre corriendo por mis venas, un cerebro perfectamente funcional, mejor que el de algunos gracias a mi coeficiente intelectual y con un ritmo cardiaco sano —anunció.
Lily abrió su boca queriendo corregir a su amigo, pero eso le llevaría a una explicación a la cual de todas formas terminaría sin sentido.
—Sí, debí de haberte preguntado —resopló recibiendo gustosamente su desayuno.
—Por supuesto, es más sensato que preguntárselo a un ser divino que nunca te respondería directamente —asintió dejando sobre la mesa un vaso con leche para Lily y una taza de café para él.
—¿Crees en Dios? —preguntó Lily con curiosidad.
—Creo en la bondad y maldad de las personas —respondió tomando asiento frente a ella—. Si hay personas que creen en una deidad no los juzgaré al igual que en los que no creen, todo se basa en la decisión de uno mismo y sus creencias. Además, si crees en el bien obligadamente te encuentras creyendo también en el mal.
—Es así, eh —sonrió y dejó de molestar a su amigo respecto a lo que duró todo su desayuno.
Terminando de limpiar y ordenar todo, Archie contempló como su joven amiga se dirigía a la ventana.
—Podrías utilizar la puerta como una persona normal —articuló señalándola con su mano.
—Sí, lástima que ninguno de los dos es realmente una persona normal —le recordó sacando una pierna por la abertura cuadrada—. Por cierto, sentir amor y atracción a primera vista es completamente normal, es un sentimiento muy humano con el cual muchos lidian constantemente con él —expresó antes de salir a través de la ventana.
Frunciendo el ceño, Archie se acercó con un paquete de toallas húmedas y limpió el marco de la ventana junto al vidrio antes de cerrarla otra vez, colocándole el seguro, ya que esa daba paso para la calle.
Volviendo a la cocina, Archie guardó el paquete de toallitas, se lavó las manos nuevamente y se aseguró de que todo estuviera limpio y ordenado antes de volver a sentarse en su escritorio.
Cuando su teléfono comenzó a sonar, frunció el ceño y lo tomó revisando la llamada entrante, desconociendo el número.
—¿Hola? Habla Archie White —anunció colocando el aparato contra su oído.
—Hola, Archie —saludó la masculina, grave y seductora voz de Cedric Bozeman, un tono de voz único que él difícilmente olvidaría.
—Oh… Hola —balbuceó y frunció el ceño cuando sintió algo extraño en su abdomen.
¿Estaría enfermo y él sin saberlo?
—¿Archie? ¿Sigues ahí? —preguntó Cedric, y por alguna razón una sonrisa suave apareció en su mente.
—Sí, estoy aquí —contestó—. ¿Por qué me llamas? —cuestionó directamente—. ¿Ocurrió algún problema con la computadora? ¿Es por el programa que le descargué? ¿O porque no terminé de pasarle todos sus archivos? Es eso, ¿cierto? Me está llamando para decirme que el dinero depositado en mi cuenta es un error y debo de devolverlo —expresó.
—No, no se trata nada de eso —aseguró Cedric—. Estoy bastante satisfecho con tu trabajo, mi computadora no me ha vuelto a dar problemas y el programa que me descargaste para protegerlo ha funcionado bien —prometió—. El dinero que fue depositado en tu cuenta fue lo que creí justo considerando tus habilidades, tus resultados, tu conocimiento y tal vez el pequeño inconveniente.
Una imagen de ellos dos en el baño invadió su mente, pero realmente dudaba que el hombre se refería a eso.
—¿No estás enojado entonces porque no tienes todos tus archivos? —repitió solo para aclarar.
—No, si no me lo hubieras dicho no tendría ni idea de ello —admitió.
—No puedo entender entonces por qué me llamas —expresó sincero, empujando sus lentes más arriba dos veces.
—A decir verdad, tengo una propuesta de trabajo para ti —anunció.
—¿Propuesta de trabajo? —repitió y parpadeó dos veces, confundido.
—Así es.
—Yo… No entiendo —confesó mordiendo su labio inferior, y odió la ansiedad que eso comenzó a crear dentro de él.
—Bueno, Archie —suspiró—. No estoy muy orgulloso de admitir que no me llevo para nada bien con las computadoras, teléfonos, tablet y cualquier objeto tecnológico avanzado, y este no ha sido el primer problema que he tenido con mi computador, o cualquier otro —explicó.
—Oh —musitó asintiendo a pesar de que no pudiera verlo—. Tal vez si no viera o descargara porno…
—Por favor —interrumpió Cedric—. Yo no veo porno, no tengo la necesidad de ello —aclaró—. Lo que encontraste en mi computadora fue porque se lo presté a mi hermano —le recordó—. Pero si te soy sincero, lo que sucedió con mi computadora ha ocurrido antes aun sin la intervención de Cian.
—Bueno… ¿Cómo podría ayudarlo yo? —preguntó, confundido.
—Susan me dijo que eres un especialista en soporte informático, que tus clientes te describen como un genio con las computadoras y que puedes trabajar en muchos ámbitos —expresó.
—Sí —aceptó fácilmente, no veía la razón de mentir por algo como ello.
—Tengo en mi poder varios negocios, desde centros médicos, bares, exportación e importación —informó—. Sé que con tus habilidades podrías ayudarme con problemas de cajas, sistemas, registros y seguridad. Sin contar que serías mi salvador cada vez que arruine mi computadora y celular, en algunos casos.
—¿Quieres contratarme para hacer todo ese trabajo? —exclamó con sorpresa.
—Sí, ¿es mucho?
—Sí, pero yo puedo con todo ello —aseguró no siendo alguien arrogante, solo confirmaba sus capacidades.
—Excelente —dijo y su tono de voz fue mucho más animado—. Si trabajas directamente para mí, tendrás un saldo fijo que va a ir acorde con tus capacidades y trabajo, pero todo eso lo podemos hablar después —aseguró—. ¿Qué dices Archie? ¿Aceptas?
—Acepto —anunció sin pensarlo mucho.
No era un tonto, sabía que probablemente no iba a tener una oportunidad tan buena como esa y considerando el lugar en el que vivía, el dinero siempre era bien aceptado.
Con un trabajo estable y un salario fijo, ya no tenía que preocuparse por llegar a fin de mes, de tener el dinero para pagar la renta, comprar los alimentos, y cancelar los gastos básicos de agua, luz e internet.
Y si ahorraba un poco más, tal vez hasta podría encontrar otra casa.
La imagen de Lily apareció en su mente junto a su padre abusivo y su madre desinteresada.
O bien, también podría ocuparlo para arreglar su casa.
—¿Cuándo tienes tiempo libre? —cuestionó Cedric.
—Un segundo —pidió y revisó su correo dos veces—. En este momento no tengo nada que hacer, y probablemente en la tarde tampoco —respondió.
—Perfecto, ¿entonces nos vemos en la empresa para discutir sobre los términos del contrato? —propuso.
—¿En este momento? —dudó.
—No hay mejor momento que en el ahora —contestó.
—Pero… Podría estar ocupado y yo no quiero interrumpir en su agenda —expresó.
—No te preocupes, puedo hacer un espacio en ella para ti —aseguró—. ¿Te parece bien en una hora más?
—¿Una hora?
—¿Es mucho? ¿Qué tal en unos treinta minutos? —propuso en cambio.
—Oh, no, yo —balbuceó solo un poco abrumado por Cedric.
—Puedo enviarte un auto a recogerte cuando te sientas listo —dijo con un tono un poco menos demandante y más suave, como si se hubiera percatado que su insistencia estaba molestando a Archie.
—No es necesario —aseguró—. Yo podría estar ahí en unos veinte minutos más.
—¿Seguro? No tengo ningún problema para enviarte un auto, debe de ser más fácil que viajar en transporte público con tu pequeña peculiaridad —expresó.
Una pequeña sonrisa creció en los labios de Archie ante las palabras de Cedric, quien había recordado su problema y expresó su preocupación por ello.
—Está bien, tomaré un taxi —informó.
—De acuerdo —aceptó finalmente Cedric—. Te estaré esperando entonces.
—Bien —respondió y cuando no hubo ningún tema más para conversar o alguna razón para seguir en línea, Archie cortó la llamada, aunque…
En realidad, le hubiese gustado escuchar un poco más la sensual voz de Cedric.