Jacob aparcó el coche frente al garaje y nos acompañó hasta la misma puerta de casa. Dejé que Helen entrara primero y yo me quedé en el umbral para despedirme de él. - Quil y su grupo están por esta zona, así que aquí estaréis a salvo – aseguró, llevando su palma a mi rostro para acariciar mi mejilla con el pulgar. Me arrojé a él y le abracé con fuerza. - Ten mucho cuidado – murmuré en su cuello. Apretó su abrazo durante un instante y después sus manos dejaron mi espalda para sujetarme por los brazos. Me despegó un poco de su cuerpo, con delicadeza, y sus ardientes labios se unieron a los míos para besarme. No sé cuánto tiempo pasó, pero a mí me pareció muy poco. - Estaré aquí antes de cenar – afirmó con un susurro. Asentí con la cabeza. Me dio otro beso, este corto y dulce, y se

