Como ya venía siendo demasiado habitual, esa mañana llegué justa a clase. La señora Smith ya estaba a punto de cerrar la puerta, cuando pasé por el umbral como una exhalación humana. Me echó una mirada asesina y yo corrí hacia mi pupitre. Brenda no coincidía conmigo en esta clase, pero, por fin, Helen sí estaba a mi lado. Desde que nos había contado toda su extraña historia la semana pasada, ya había vuelto a clase. Nosotros le habíamos prohibido que fuera sola por ahí, y menos a ningún bosque. Ahora siempre tenía unos enormes y peludos guardaespaldas que la protegían en todo momento, y habíamos dejado lo de la búsqueda de Ryam para las tardes, ya que yo la regañé por dejar sus estudios atrasados y la convencí de que a su mejor amigo no le gustaría nada que perdiese el curso por esa razón

