Capítulo 8 - Samanta

541 Words
Salió el sol y comenzó un nuevo día. Sam se levantó de la cama, se duchó, se alistó y desayunó algo para poder irse a trabajar. Por una extraña razón no podía dejar de pensar en el extraño encuentro del día anterior. Lo que no lograba entender, era que sentía que ya conocía a ese sujeto de algún lado, pero no recordaba de dónde. Llegó al aeropuerto y sonrió al revivir lo sucedido en su mente. Ese día prometía ser más movido que el anterior, pues al día siguiente comenzaría la tan esperada Copa del Mundo. Personas de todas partes iban y venían por todo el lugar. Entró en la cafetería y se preparó para una larga jornada de trabajo. Ese día le tocaría doble turno, pues debía cubrir las horas del día anterior. Gordon era considerado, pero también era muy estricto con el trabajo. Sería una mañana aburrida, pues su amigo llegaría después del mediodía. Tendría que lidiar con la clientela sin ver las muecas que le hacía Carlos desde el otro extremo de la barra, las cuales la ayudaban a liberar un poco el estrés. Las primeras dos horas pasaron sin ningún sobresalto. Sam tomaba órdenes y servía café como toda una experta, aunque por momentos divagaba, pensando en los ojos azules de aquel desconocido. «Que de seguro, nunca volveré a ver en la vida». Pensó mientras arreglaba un par de vasos a un lado del mostrador. —Hola. Buen día —se oyó una voz masculina. —Lo atenderé en un momento —dijo Samanta, sin girarse. —De acuerdo. Espero —contestó el hombre. En ese momento Samanta sintió que su corazón daba un brinco. Había algo muy familiar en esa voz. Se giró para encontrarse con un hombre que miraba con mucha atención el menú en lo alto de la pared, a través de unas gafas oscuras. Un caballero muy alto, con un suéter gris de capucha. Era él. Samanta respiró profundo, tratando de disimular sus repentinos nervios. Carraspeó su garganta. —¿Qué es lo que va a querer, caballero? El hombre continuaba con la mirada fija en el menú. »¿Algo frio o algo caliente? —Insistió ella. —Por favor, un frappuccino de vainilla con caramelo —respondió él, apartando la mirada del menú y clavándola de inmediato en la pantalla de su móvil. —Muy bien. ¿Señor? —Indagó ella para que le dijera su nombre y así poder escribirlo en el vaso. —Dominik —contestó—. D-O-M-I-N-I-K —deletreó él, haciendo énfasis en cada letra. Samanta no pudo evitar sonreír. Por lo visto, el hombre era un tanto obstinado. Se arriesgó a escribir un mensaje al lado del nombre, con la esperanza de que él lo viera y le entregó el pedido a su cliente. El hombre pagó, tomó su vaso y dio un sorbo. En ningún momento dejó de mirar su móvil. Samanta sintió que el corazón se le detenía al ver como él se retiraba sin tomarse la molestia de leer lo que ella había escrito, pero de repente su corazón volvió a latir. El hombre se detuvo y clavó su mirada en el vaso. Se giró de golpe y la miró. Sonrió al verla.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD