Capítulo 15 - Dominik

469 Words
Una mezcla de sentimientos se arremolinó en el pecho de Dominik mientras se acercaba a un grupo de taxis. Por primera vez en su vida deseó ser alguien más para así quedarse un rato más, charlar con Samanta y conocer más a Carlos, pues le pareció un chico bastante agradable. En ese momento, deseó ser normal, como el resto de los transeúntes que caminaban por la calle, poder salir a dar un paseo cuando le apeteciera, sin sentirse vigilado por miles de personas. —¿Necesita un taxi, caballero?—Preguntó un hombre regordete de piel morena y frondosa barba. Dominik asintió, llevándose las manos a la cabeza para ajustar su capucha y luego asegurarse de tener bien puestas las gafas de sol. El taxista abrió la puerta para que se subiera, y él lo hizo de inmediato, sin siquiera reparar en mirar al sujeto que se ofrecía a llevarlo a cambio de unos cuantos dólares. »¿A dónde lo llevo, señor —preguntó el dueño del taxi al subir al auto. —Al JW Marriott —contestó Dominik, manteniendo la cabeza gacha para no arriesgarse a que el sujeto lo reconociera al mirar por el espejo retrovisor. —Enseguida —indicó el conductor y puso el auto en marcha. Fueron casi cincuenta minutos de camino, en los cuales la cabeza de Dominik era un completo caos. Los pensamientos lo abrumaban y no le permitían razonar con claridad, iban desde la sonrisa de Samanta hasta la última jugada que practicó para el partido de mañana. Trató de concentrarse en el juego que le tocaba jugar al día siguiente, pero era inútil, los ojos de Samanta irrumpían en sus pensamientos, impidiéndoselo. El auto se detuvo frente a un imponente edificio, y a Dominik le tomó un par de segundos percatarse de que llegó a su destino. Pagó lo que le pidió el taxista y bajó del coche. Sin perder tiempo se dirigió a la entrada de servicio del hotel. Con suerte lograría entrar sin ser descubierto. Dominik dejó escapar un suspiro en cuanto estuvo dentro de su habitación y agradeció el hecho de que nadie lo vio llegar. Encendió la luz y dio un salto al ver la silueta de un hombre sentado en el sofá al lado de la ventana. —¿Dónde estabas? —La voz de Friedrich hizo que todos los vellos de su cuerpo se erizaran. —Ehmmm… —Dom balbuceó. —Llevo tres horas esperándote —el hombre sonaba molesto. —Lo siento. Olvidé que habíamos planeado ver una película hoy —se excusó Dominik. Friedrich se puso de pie. —No importa. Descansa, Dominik. Mañana será un día muy largo. Sería una pena total que la copa se te escapara de las manos, luego de que has luchado tanto por llegar hasta ella.
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