Corresponsales de varios medios de comunicación, ya se encontraban sentados en sus respectivos asientos. Esperaban a que todas las figuras destacadas del partido, se ubicaran en la larga mesa, dispuesta para ellos.
Ewald, el director técnico de la selección, estaba sentado en la silla del medio, y a su lado había una silla vacía, la que le correspondía a Dominik.
Miró a un lado e hizo un gesto con la mano para llamar la atención de un joven que formaba parte del equipo protocolar del evento. El muchacho se le acercó de inmediato.
—¿En que lo puedo ayudar, señor?
—Por favor, dile a Dominik que todo está listo, que ya vamos a comenzar. Que se apresure —dijo Ewald.
—Enseguida —dijo el chico y se dirigió veloz hacia los vestidores.
Caminó decidido, como quien está orgulloso del trabajo que le corresponde hacer. Llegó al lugar donde debía estar Dominik, pero no vio a nadie. El lugar estaba solo.
—¿Dominik? —Dijo—. ¿Señor Weigand? ¿Está usted acá? —Se inclinó a la derecha para echar un vistazo al otro lado—. La rueda de prensa va a comenzar, esperan por usted.
Nada. No obtuvo respuesta alguna.
Salió de allí y se dirigió a los sanitarios de caballeros, tal vez estaba refrescándose un poco. Se encontró con un hombre que barría el pasillo.
—Disculpe. ¿Ha visto a Dominik Weigand? —Preguntó. El sujeto de limpieza lo miró, frunciendo el ceño—. El jugador—. Aclaró.
El hombre negó con la cabeza.
El muchacho continuó su camino hasta los otros baños. Al llegar se encontró con varios hombres, pero Dominik Weigand no estaba por ningún lado.
—¿Han visto a Dominik Weigand? —Indagó.
Unos miraron a los otros y se encogieron de hombros.
—No —dijo alguien.
—No lo hemos visto —comentó otro de los presente.
Brad, así se llamaba el muchacho, no pudo evitar sentirse preocupado. Se suponía que el jugador debía estar en la sala de conferencias para la rueda de prensa, pero no aparecía por ningún lado. Continuó buscándolo por un par de minuto más, pero sin resultados. Resignado, regresó a donde se encontraban los demás.
La gente comenzaba a impacientarse. No comenzaban por esperar a Dominik.
Brad se acercó a toda prisa hasta Ewald, se inclinó y le habló al oído.
—No lo he conseguido —susurró.
—¿Cómo?—Ewald se giró hacia el muchacho, con cara de espanto.
—Pregunté por él a todos y nadie lo vio. No está en los vestidores, tampoco en los sanitarios. Es como si se hubiera…
—…ido —farfulló el director técnico de la selección alemana.
Friedrich, quien observaba desde una distancia prudente, se percató del malestar de Ewald y se acercó para ver que estaba sucediendo.
—¿Qué sucede? ¿Dónde está Dominik?—Inquirió el publicista.
—Excelente pregunta. ¿Dónde está tu chico? ¿Podrías decírmelo?