El dolor en su pecho era insoportable, y las lágrimas comenzaron a brotar. No lo entendía. ¿Por qué diablos sentía eso? Si por más de seis años mantuvo una bella amistad. Jamás la vio de esa manera. Sammy era como su hermana. Sin embargo, ese dolor que se extendía en su pecho, lo quemaba como brasa ardiente y le robaba el aliento. —De todas las mujeres que hay en el mundo, tenía que ser ella. De todas las mujeres que se puede dar el lujo de tener, la elije a ella —sollozó. No podía creer en su mala suerte. Tantos años de verla como amiga, y justo cuando un nuevo sentimiento afloró, también aparece un hombre que le presentaba un reto. No se podía competir contra alguien como Dominik Weigand. Ni en sueños. «Si tan solo le hubiese dicho lo que sentía desde un principio». Esa mañana ayudó

