CAPÍTULO VEINTITRES Scarlet estaba en la orilla del río Hudson cuando el sol empezó a ponerse; estaba en el interior de la vieja ruina abandonada de la glorieta, su lugar de reunión, un lugar donde ambos habían estado antes. En esta zona desolada, oculta por los árboles, en la costa, había un lugar privado que sólo Sage y Scarlet conocían, un lugar que no podían confundir con ningún otro. Ella había estado esperando reunirse con él con más entusiasmo, esperando su próximo encuentro con más ganas de lo que podría decir. Sin embargo, ahora Scarlet estaba llorando mientras miraba hacia el río, viendo la puesta de sol, no podía aceptar que estaba parada allí sola. Sage le había prometido que la vería a las cuatro. Ahora era después de las cinco. Las últimas palabras de Sage le sonaban en l

