Jonah le saludó con la mano y volvió rápidamente al castillo, arrastrándose. ¿Qué le pasaba? —Hey —dije medio en serio a Asriel. —Perdón por esto...prometí a un buen amigo que ustedes podrían conocerse...oficialmente —dijo Asriel. —¿De qué estás hablando? —comencé, pero antes de que pudiera terminar mi pregunta, Asriel me echó polvo brillante en la cara. Estornudé. Me quemaba la nariz, los ojos y hasta los oídos. —¡Pero qué coño, hombre! —protesté. —¡Te pedí disculpas de antemano! —se rió Asriel. —¡Dios mío! ¿Está bien? ¡No le hagas daño! ¡No le hagas daño! —chilló una voz— ¿Quién es ese? —dije, mirando a mi alrededor. ¡Ugh, qué extrañeza de los Fae era esta! Miré fijamente a Asriel, quien parecía divertido. Miré más de cerca y se me cayó la mandíbula. Sus aretes estaban vivos. L

