Mérida había llegado al castillo de Játiva en un taxi, iba caminando de prisa, pronto darían las diez de la mañana, hacía calor, ese lugar estaba repleto de personal; turistas nacionales, extranjeros, curiosos y paseantes, ella no tenía tiempo que perder, llevaba unas gafas de sol y un sombrero campirano para cubrirse de los rayos de sol. Estaba nerviosa, pensando en «Lord White» ¿Quién era ese hombre? Estaba convencida de que sería el amor de su vida, pero tenía miedo, ahí parada entre un mar de gente, se sentía perdida, no sabía que le deparaba el porvenir, y por un instante creyó que era un error, no podía seguir comportándose como una adolescente en busca de un príncipe azul, observó su reloj, eran las diez en punto, se giró dispuesta a irse, porque sus dudas acrecentaban, cuando lo

