Max escuchó la contestadora del teléfono móvil de Mérida, maldijo entre dientes, su corazón estaba atormentado, lamentaba su salud, necesitaba saber cómo estaba, la ansiedad lo quemaba por dentro, desde niño era así; aparentemente carismático, introvertido y dócil, no tenía muchos vínculos, era hijo único, sin parientes cercanos, sus padres lo tuvieron a una edad avanzada y murieron cuando él era un adolescente, tuvo que criarse solo, buscando el cariño que le faltaba y odiando estar en soledad; ocultaba su rabia, siempre manejándola, ocultándola de todos. Nunca hubo una queja de él, y reprimió en lo profundo de su alma esa ira que a veces lo embargaba. Manejaba de prisa, en la oscuridad de la noche, llegó hasta su cabaña, cuando detuvo su auto, bajó de prisa, resopló con fuerza, temblaba

