—Sí, no hay duda de que ella me ama y se puede decir que yo a ella, pero no por eso me van a dejar de gustar otras mujeres. —Soy la hermana de tu esposa, no puedes hacer esto. —Claro que puedo —le dice posando una mano en su muslo —. Si quieres que tu hermana no termine en la calle sin un centavo y sin la custodia de la niña, será mejor que cumplas mis caprichos. Catrina ensancha la mirada y luego mira la mano de su cuñado, estaba sobre su muslo de manera tentativa. —¿Qué me estas pidiendo? ¿Qué tenga sexo contigo a cambio del bienestar de mi hermana y mi sobrina? —Vez que es fácil de entender, solo tienes que propinarme placer y todo seguirá como antes. Tu hermana no tiene por qué enterarse de nuestro acuerdo, para cuando yo me canse de ti te dejare libre y podrás hacer lo que quiera

