Eve Abrí los ojos lentamente, aún envuelta en la tibieza del sueño, mientras los primeros rayos del sol se filtraban por los ventanales, pintando la habitación con destellos dorados. Me removí con suavidad, sintiendo ese dulce dolor en el cuerpo que solo deja una noche de amor. Y entonces, fui plenamente consciente de los brazos que me rodeaban, firmes y protectores, como si quisieran retenerme ahí para siempre, como si el mundo afuera ya no existiera. Sonreí, una sonrisa tranquila, de esas que nacen desde lo más hondo del alma. Porque él estaba aquí. Conmigo. Porque, aunque aún teníamos que hablar de todo lo que había pasado, de su compromiso cancelado y de las heridas que aún dolían, lo único que importaba ahora era esto. Nosotros. Lo observé en silencio, como si necesitara memori

