Eve El fin de semana había sido un completo fiasco. No logré dormir más de un par de horas seguidas en esos dos días. Tenía el estómago revuelto, y cada intento por comer terminaba en náuseas o en una sensación de vacío aún más profunda. La ansiedad me tenía atrapada entre pensamientos que se repetían sin tregua. No habíamos vuelto a hablar con Aarón, y para empeorar las cosas, Stella seguía sin dar señales de vida. Ni un mensaje, ni una llamada. Nada. Tampoco había regresado. Ayer incluso faltó a clases. Stella, la chica que no se perdía ni un examen, la que vivía con el reloj sincronizado al horario de clases, la que hacía resúmenes por placer y se sabía los calendarios académicos de memoria. Nunca, en todos los años que la conozco, la había visto romper una rutina. Hasta ahora.

