Eve Por alguna extraña razón, esta mañana me desperté temprano, a pesar de que todo en mí pedía dormir hasta tarde. Era sábado, no tenía obligaciones, ni alarmas, ni reuniones. Aun así, ahí estaba, de pie en la cocina a las ocho en punto, encendiendo la cafetera mientras el silencio de la casa se sentía más espeso de lo habitual. Estaba a punto de cortar algo de fruta cuando el timbre sonó. Fruncí el ceño, no esperaba a nadie. Las chicas no solían aparecer sin avisar y no tenía noticias de Aarón desde hacía días. Sentí una punzada de ansiedad en el pecho mientras caminaba hacia la puerta, con la ansiedad recorriéndome entera y el cuchillo en la mano. La abrí... y me quedé completamente paralizada. Ahí estaba ella. Mi madre. Sus ojos brillaban como siempre, suaves y cansados a la vez,

