—Está bien, voy. Dame veinte minutos para preparar las cosas de Líam. ¿Me esperas? —Claro, pero apúrate, el autobús es puntual. Entré en la casa. Voy a gastar mi fondo de emergencia, me lamenté, pero la posibilidad de obtener respuestas valía el riesgo. Justo cuando iba a subir, me crucé con Damien en el pasillo principal. —Buenos días, señor —Saludé. Él no respondió, solo me analizó con su mirada fría. —Voy a la capital con Líam —informé, sintiéndome obligada a dar explicaciones. —Claro, ¿con quién más se quedaría? —Su respuesta fue inmediata y hiriente. —Solo lo dije por si llegara a extrañar a su hijo —repliqué, sintiendo el impulso rebelde que me daba fuerzas. —¿Ya llamaste a Benito? —preguntó, ignorando mi insolencia. —¿Para qué? —Para que las lleve. —No, señor, voy en aut

