—Sujétalo. Y siéntate allí en el sofá —Instruí, con autoridad. Coloqué a Líam en sus brazos con la mayor naturalidad. Damien se sintió incómodo. Lo guié hasta el sofá. Se sentó, rígido, pero no dejaba de mirar a su hijo. Era la primera vez que lo tomaba en brazos con una emoción que iba más allá del deber. Aproveché ese instante y comencé a tomar fotos. Damien parecía estar en otra dimensión, absorto. No notaba que yo estaba allí, ni el flash de la cámara. Creo que esa fue la primera vez que se permitió ser solo un padre. No dejé de tomar fotos, registrando ese hermoso e inesperado momento de vínculo entre padre e hijo. Pasados unos tres minutos, el hechizo se rompió. —Deja de ser tonta, Leandra —espetó, su voz volviendo a su tono áspero habitual—. Suelta ese celular. —Ah, disculpe, s

