CAPÍTULO 41 Me desperté con una punzada de dolor insoportable en la cabeza, que se extendía por todo mi cuerpo, dejándome entumecida e incapaz de moverme con facilidad, de repente, fragmentos terribles de lo que había sucedido la noche anterior. El silencio, la oscuridad y el pañuelo sobre mi boca me trajo de nuevo a la realidad. El pánico me invadió por completo, abrí los ojos desesperada. Estaba desnuda. —No... ¡No puede ser! — El sollozo se quedó atorado en mi garganta y las lágrimas inundaron mis ojos. Mire a mi alrededor, me encontraba sobre un colchón sucio y viejo, con mucho esfuerzo logré sentarme, un hilo de sangre bajó desde mi frente por toda la cara, tenía una herida fresca y sangrante. Mi ropa estaba tirada a un lado del colchón. Seguí mirando al rededor, por la poca l

