CAPÍTULO 68 Ya habían pasado varios días, y cada uno se sentía como una eternidad tallada en mármol frío. Me había atrincherado en la habitación de la posada, sumida en una tristeza tan densa que apenas me permitía respirar. El dolor era físico: una punzada constante por la ausencia de Damien, el eco de su voz, y sobre todo, la falta lacerante de Liam. ¡Ah, Liam! Mi pequeño pedacito de humano, En mi calendario mental, hoy cumplía un mes más de vida. Era el día que con tanta ilusión esperábamos para comenzar la introducción de alimentos. Podía visualizarme en el jardín de la hacienda, con el sol tibio, ofreciéndole su primer trocito de fruta machacada. Me sentía hecha pedazos, castigada por una decisión que, aunque noble, me había arrancado el alma. El miedo, ese veneno constante, me par

