»Muchos habían tenido que morir para conseguir la unidad de los tres reinos de Egipto, y los gobernantes no estaban dispuestos a dejar su poder en ninguna otra persona que en sí mismos y en su descendencia. Un linaje que a veces se veía interrumpido por falta de herederos a quien cederles el puesto antes de terminar sus días, o cuando otro, con el apoyo de los principales, decidía que sería mejor para todos su gobierno, tal y como había sucedido en este último caso. »A mí aquello, aparte de en lo personal, me había afectado mucho, ya que, al ser persona de confianza, se me consideraba al instante, como suprimible, conocedor de demasiados secretos y poseedor de un alto estatus ante cualquier subordinado. Quizás por ello mi castigo fue mayor, condenado al olvido por decreto faraónico, borra

