La niña Siento un cosquilleo en el estómago, no es placentero, no indica dicha. Es como si mi cuerpo me avisara que se acerca una tormenta, tal y como lo hacen los huesos rotos frente al frío. Intento no darle importancia, es solo un cosquilleo. Los días pasan, y el cosquilleo se transforma en una molestia. Algo sucede. Algo no está bien. Miro el calendario y me recorre un escalofrío, no de esos que te sacuden despacio el cuerpo, sino de esos que te provocan temblar las rodillas y te cuesta respirar. Este escalofrío es por algo en particular. Miro mis dedos y comienzo a contar, dos, tres... cuatro. Veinticuatro. Ha pasado un año entero. Un año. La tierra ha dado la vuelta al sol y mis ojos se llenan de lágrimas, acompañadas de un sentimiento que no sé reconocer. No lo he sentido nunca

