La corte y los nobles del reino se habían reunido para la toma de protesta de Spencer Battenberg sobre la herencia que su hermano le había otorgado. Para Spencer no solo se trataba de una enorme fortuna sino también los títulos que en vida ostentó su hermano mayor. El palacio no era un lugar para cualquiera, de hecho, pocas personas en el rey—todas pertenecientes a la élite—, habían tenido el gusto de conocerlo por dentro. Las puertas del enorme salón se abrieron no sin que antes el vocero anunciara que la familia Battenberg acababa de hacer presencia en la sala. Alika Battenberg era una dama que robaba miradas donde fuera que entrara. Las mujeres de la familia eran instruidas desde que se casaban con sus varones para garantizar elegancia y gracia, pues los Battenberg tenían una afició

