Capítulo 14

4596 Words
En ocasiones, Orleta le contaba historia que sus padres le contaban a ella, sobre la vida de su padre en el pasado, viendo que, para ellos, su padre era un verdadero héroe o incluso un Dios en la tierra. Orleta era la única hija del jefe, que también era amigo y leal siervo de Azeman, por tanto, esas historias eran transmitidas de padre a hijos desde los tiempos de Azeman Tepes. Orleta también aprendió a usar la mágica de los gitanos, y se lo mostraba a Carmelius, dejándola asombrada, no eran muchos los trucos, pero eran impresionantes para la vampira que nunca había visto magia semejante. Ambas practicaban en arte de luchar con arma de combate, y después de un tiempo cada una encontró la suya propia; Orleta en bastón de madera que también podía convertirse en lanza, y Carmelius el látigo de cuero, pero a ella le hicieron uno especial y único para ella, y así consiguió un compañero de combate fuerte y resistente. Tanto a Azeman como al padre de Orleta, Lionel, les encanto ver a sus hijas entrenar y aprender juntas cosas de su mundo, por lo que Azeman le pidió a su siervo que su hija fuera la maestra de Carmelius en el combate hasta que aprendiera lo necesario, Lionel acepto con mucho gusto, sabiendo a que su hija le encantaría el pedido, y a Carmelius. Así fue como Carmelius y Orleta estuvieron juntas todo el tiempo, por la noche estrelladas con una brisa buena y suave, y en días que estuvieran algo nublado con poco sol, mientras Orleta usaba su bastón lanza, Carmelius atacaba con su látigo, mejoraron las dos con los días, hasta que no fue necesario entrenar más, pero incluso con eso las dos no dejaron de verse. Para esas ocasiones ellas vestían con ropas cómodas y masculinas, cosa que tenían en común, no les gustaba para nada la ropa femenina, solo en ocasiones especiales. Cuando acabaron de entrenar en un día muy nublado pero sin intención de llover gracias a su padre, las dos estuvieron tumbadas en la hierba en el bosque, entre la aldea y el castillo, Carmelius estaba tumbada con los brazos detrás de la cabeza relajada y cómoda como nunca, mientras Orleta estaba sentada apoyada sobre sus manos en la hiervas, dejando que la brisa chocara contra ella en el pecho y cuello, entonces, tomó un poco de agua para recuperarse, quiso darle un poco a Carmelius, pero recordó que no podía, no tomaba nada más que sangre humana o animal. – ¿No debería ir a buscar algo para comer ama? –  pregunto Orleta, girándose a la vampira. –  Si quiere puede ir a cazarle algo. –  No te moleste Orleta, ahora estoy bien. – aseguro Carmelius tumbada. –  No hace falta que seas tan formal conmigo cuando estamos solas, puedes llamarme por mi nombre de pila. –  No puede ama, es de mala educación dejar de llamarla así. Si lo hiciera, sería como saltarle el respeto a mi padre, a mi gente, a mi misión como su guardiana, y… a su padre por supuesto. – ¿Tienes miedo de mi padre Orleta? –  pregunto Carmelius, girando la cabeza a ella. Esa pregunta hizo tragar saliva a Orleta inquieta y petrificada, dudando en responder o no, pero no hizo falta, con esa expresión Carmelius supo que sí, ella, como todos, tenía miedo de su padre, pero era un miedo respetuoso y leal. Entonces, Carmelius hizo pulso para sentarse y pegarse más a Orleta, que ante eso quedó extrañada, y más aún cuando, de repente, Carmelius puso una mano sobre su cabeza y la frotó con fuerza, como su fuera un niño pequeño que estaba animando o mimando. –  Tranquila, todos tenemos miedo a algo, si no tuviéramos miedo a algo, estaríamos todos completamente locos. –  animó Carmelius con una sonrisa y los ojos cerrados. –  No te sientas inferior o débil por eso ¿de acuerdo? – ¿Usted también tiene miedo a algo ama? ¿Y el amo Azeman? –  pregunto la chica, curiosa pero discreta. – ¡Sí, te lo aseguro, a muchas cosas, pero eso me hacen fuerte, como a mi padre, que seguro que tendrá algo miedo a algo! – aseguro Carmelius con naturalidad y contenta. –  Lo siento, no debí hacer esa pregunta, mis disculpas ama Carmelius. – ¡Tonta! –  insulto Carmelius con una mueca en la voz, eso sorprendió a Orleta que alzó el rostro. – ¿Por qué te disculpas por solo haber hecho una pregunta de esas? No acabo de entender esto de disculparse, debe ser por la manera que te criaron, cosa que no voy a cuestionar ni nada de eso. –  Ama Carmelius… Orleta estaba muy sorprendida por la actitud y personalidad de su ama vampira, viéndola como humana que vampira, y eso la sorprendió, pero también le alegre de alguna forma. Al ser hija de su amo Azeman y creada por el mismo para ello, se la imagino como él, pero más femenina, pero no, físicamente eran parecidos como no, pero emocionalmente no, solo lo eran cuando debían dar órdenes o ser serios ante alguien o algo importante, entonces Orleta entendió una cosa, para ella, la princesa Carmelius no era una simple vampira, era como un ángel de la noche, o una diosa nocturna, por si simpatía con todos y bondad, a pesar de ser una vampira. Todo eso le paso por la cabeza, y se fijó que Carmelius no le estaba leyendo la mente, cosa que le alivió sonrojada.  ---------------0---------------- – Ya te he dicho que no me llames de esa forma entre nosotras Orleta… – recordó la vampira suspirando contenta y no molesta. –  Puedes dirigirte a mí de otra forma, pero no con esa, se me hace incomodo oírlo de ti. – ¿eh, por qué? –  No se… será que te veo de forma diferente al recto de gitanos que nos sirven a mi padre y a mí, como tu padre con el mío, yo hago lo mismo, tengo confianza en ti, buena compañía, desde que soy vampira, 20 años ya, nunca… he tenido de nuevo amigos, ninguno. – ¿Ninguno? ¿Ningún amigo, algún vampiro? –  pregunto Orleta curiosa, mirando fijamente a Carmelius. –  Aún no conozco a ninguno que no sea mi padre, quizás algún día tenga que presentarme a alguno para saber de mí, no lo se. Pero no, no tengo a nadie excepto a mi padre, a los gitanos, y a ti también… Eso último lo dijo con una sonrisa amistosa y simpática, mirándola de reojo bajo unos mechones negros. Ante eso, Orleta se sonrojo un poco por el detalle, que, bajo la mirada para jugar con los dedos, nunca imagino oír algo como eso, menos de su ama. Entonces, de repente, Carmelius de puso de espaldas a ella, y con cuidado se tumbó sobre las piernas de Orleta, suspirando cómoda y apacible, dejando paralizada y asombrada a la gitana morena de pelo castaño oscuro. –  Ama… –  No me nombres así nunca más… déjame estar así, se está bien para observar como el día está yéndose a dormir. –  pidió Carmelius susurrando. Orleta no se lo contradijo, más quisiera ella, y con una sonrisa la dejó sobre sus piernas mientras volvía apoyar su espalda sobre las manos para observar también el cielo grisáceo haciéndose más oscuro a cada momento. Tal y como dijo Carmelius, el día estaba por irse, para que así los seres de la noche que no deseaban salir aún a pesar de no haber sol, pudieran salir tranquilamente, solo que, en esos lugares, solo ella y su padre eran los únicos seres de la noche que había, por lo que solo saldría él, ella ya estaba fuera, junto a su leal y mejor sierva. Orleta pudo notar que anochecía por el frio que empezaba hacer, cosa que su ama no sentía, ella era fría, para siempre, solo sería calidad tomando sangre humana recientemente, y eso para ella aún era algo siniestro. –  Esto… – ¿huh? –  exclamó Carmelius, viendo que Orleta quería decirle algo. – ¿A usted le gusta eso de, bueno, ya sabe, lo de beber… sangre humana? –  pregunto Orleta con cuidado, con un rostro incomodo y serio. Ante esa pregunta y esa mirada, Carmelius la miró fijamente, entendiendo como se sentía ella, no la podía culpar de ello. Entonces, se río una vez mostrando una sonrisa de comisura con los ojos cerrados, eso dejó confusa a Orleta que parpadeó un par de veces. –  Es algo que no puedo cambiar Orleta, me guste o no, tengo que vivir así, tomar sangre para sobrevivir, así somos los vampiros. –  contestó ella. –  Se que es incómodo de ver, pero tendrás que acostumbrarte. –  Sí… esto… ¿Prefiere que la llame mi señora Carmelius? –  ah, está bien, veo que será imposible quitarte esa costumbre, muy bien, puedes llamarme de esa forma. –  se rindió ella suspirando. Con eso, ambas sonrieron contentas, a gusto estando allí tranquilas. Carmelius estuvo Porquedarse adormida pero enseguida notó que debía volver a casa al ser de noche, su padre se despertaría al instante de ponerse en sol. Antes de volver, quiso acompañar a Orleta a su aldea, pero ella insistió en que iría con ella al castillo para protegerla, como era su obligación y deber como guardiana suya. –  Entiendo que sea tu responsabilidad Orleta, pero no hace falta que me cuides siempre, puedes hacer una vida propia sin tener que pedir permiso de nadie. – dijo Carmelius. –  Lo se mi señora, pero, yo quiero estar cerca de usted, para vigilar que no le pase nada, nunca me lo perdonaría que le pasará algo por un descuido mío, no lo hago solo por qué mis padres me lo hayan dicho muchas veces, sino por qué… la apreció mucho, y no deseo que le pase nada malo, no se lo merece. –  Orleta… Carmelius miró fijamente a Orleta, viendo que no conseguiría hacerle cambiar de opinión por la mirada decidida y valiente que mostraba, por lo que se resignó a volver al castillo junto a ella a caballo. Las dos cabalgaron velozmente por el denso y solitario bosque que rodeaba la montaña donde estaba el antiguo castillo, que al acabar el bosque se veía en todo su esplendor. Los caballos que usaron, negros, sobre todo, no les costó atravesar el bosque, incluso con los fuertes estirones que sus domadoras les estaban dando, estaban acostumbrados. Cuando llegaron al castillo, este estaba ya vigilado por gitanos, los que estaban en la verja dejaron pasar a la vampira y su guardiana, poco después bajaron de los caballos y dejaron que los cuidadores se hicieran cargo. Con tan solo traspasar la puerta que se abrió a su paso, Carmelius fue recibida por su padre, acompañado por Lionel que recibió gustosamente a su hija. –  Siento haber tardado tanto en volver. –  se disculpó Carmelius con una sonrisa inocente pero angelical. –  No te preocupes, con que estés protegida me siento tranquilo, aunque no sea eso posible en alguien como yo. –  bromeó él después de darle un beso en la frente. –  No empieces con esas bromas. –  se quejó ella riendo en bajo. – ¿Vas a salir a cazar algo? –  No, está noche tendremos la cena en casa, Lionel y Orleta se encargarán de traernos algo bueno, ¿verdad pareja? –  pregunto él dirigiéndose a ellos. – ¡Por supuesto mi señor, ahora mismo lo hacemos! – aseguro Lionel con una reverencia. –  Vamos hija. Con eso, Lionel cogió por la cintura a su hija para irse de allí rápidamente, mientras miraba a su ama junto a su padre, mirándola a ella también, indicándole que estaría bien con su padre, que hiciera lo ordenado, a regañadientes, Orleta lo hizo. Ella y su padre cogieron sus caballos junto a varios gitanos y se fueron a la ciudad a buscar humanos para sus amos. Mientras, Azeman camino con Carmelius hacia la sala de estar, a esperar la cena de esa noche, se conformaron de momento con vino tinto que él tenía siempre en cada habitación y sala del castillo. – ¿A qué se debe este detalle de no ir a cazar por libre? –  pregunto Carmelius curiosa, sentándose en una de las butacas de terciopelo doble de color rojo y n***o. – ¿Pasa algo está noche? –  La verdad es que sí. –  afirmó él, sirviendo vino en dos copas, entonces, las cogió y camino hacia Carmelius. –  Hace exactamente 20 años que eres vampira, mi hija, está misma noche, por eso he querido celebrarlo. – dijo ofreciendo una de las copas a ella. – ¿De verdad? ¿Justo está noche? –  pregunto ella asombrada, mirándolo sin poder creerlo, pero manteniendo la postura. –  Tan cierto como me estás viendo frente de ti. – aseguro él con una sonrisa y la copa en alto. –  Por eso está noche será de celebración, que vivamos eternamente no significa que no tengamos fechas de cosas especiales y demás. –  Si es cierto, perdona es que… es extraño que haya pasado ya tanto tiempo sin darme cuenta, debes sentirte así siempre al tener tantos años. – dijo ella sorprendida, acomodándose en la butaca con él. –  Te acostumbras a ello, tú también lo harás. – dijo él tranquilo y contento. – ¿Te parece bien que lo celebremos? Por qué si te parece incomodo… – ¡No, no! Es un detalle muy bonito padre, solo que nunca me fije en la fecha, gracias. – dijo ella con una sonrisa sincera. –  Yo, no sé qué decir… –  Ya lo has hecho, con eso me basta. – dijo él, inclinándose hacia ella para besarle la frente. –  Muy bien, un brindis. Carmelius con gusto acepto eso, y ambos con la copa en alto las chocaron con suavidad, haciendo que se oyeran un “cling” suave y agudo, entonces se tomaron el vino de un sorbo. Para ellos el vino no tenía mucho gusto, pero al menos podían tomarlo de vez en cuando apetecía. Entonces, Azeman se puso en pie, dejó su copa en la mesa de los pies, y cuando cogió la botella, en vez de volver a su sitio, fue a brillante y elegante fonógrafo donde ya tenía puesto un disco y lo puso en marcha, enseguida sonó una melodía agradable que escuchar en esos momentos, y él volvió con la botella de vino a sentarse con Carmelius, esperando su cena. Lionel y Orleta no tardaron en volver con lo pedido, cuando entraron en la sala de estar, con ellos iba una mujer atractiva y joven, con ropas que indicaban que era una prostituta de gente rica. La chica no se mostraba asustada ni nada, indicando que no sabía nada de lo que estaba pasando, era rubia con tonos rojizos, bronceada con ropas oscuros y ajustadas sin dejar de provocar y sorprender. Carmelius la miró de arriba bajo y su padre igual, pero de otra forma de ver, sonriendo encantado, sabiendo que su hija no se negaría a un banquete como ese una vez cogido. –  Mi señor, le hemos traído lo que pidió. – dijo Lionel haciendo una reverencia de cabeza, Orleta hizo lo mismo seriamente. –  Gracias Lionel, Orleta. Podéis retiraros por hoy. –  ordenó Azeman con amabilidad y elegancia. Ellos con una reverencia se retiraron cerrando la puerta tras de sí, dejando a la chica con ellos, mostrándose confusa y desorientada. Entonces, Azeman dejó su copa en la mesa y se puso en pie para acercarse a ella seductoramente con una sonrisa, ante eso, la chica quedó intimidada por la belleza de ese hombre alto moreno y blanco, y quedó asombrada por los ojos de él, profundos y penetrantes, sin importarle que se vieran rojos. – ¿Como te llama pequeña? –  pregunto él con profundidad. –  Krissía… – contestó ella atontada sin dejar de mirarle a los ojos. Carmelius se fijó en eso, viendo que no era Porque estuviera obsesionada por él ni nada de eso, estaba hipnotizada por su padre, con solo tener los ojos fijos en los suyos, estaba bajo su control completamente, algo que ella no sabía hacer todavía, pero le interesaba aprenderlo, por eso observó bien. Azeman no dejó de mirarla a los ojos, seduciéndola con acaricias que ella no negaba, era como un títere bajo su mando, sin poder evitarlo a no ser que la dejará de mirar. –  Bien Krissía, buena chica, ¿sabes por qué estás aquí? –  pregunto él con una sonrisa, mostrando así sus colmillos. –  No… solo me dijeron que debía ir con ellos, y me trajeron aquí, nadie sabe que estoy aquí. –  contestó ella obedientemente y sin emoción alguna. –  Bien, tranquila todo va a salir bien, no te preocupes… – aseguro él. –  Siéntate con nosotros.  Ella así lo hizo sin desviar la mirada, cogida de la mano de él se sentó en la butaca junto a Carmelius que observaba asombrada lo que estaba pasando, aunque debía admitir que no le hacia mucha gracia eso que le hacia a esa chica inocente. Cuando Krissía estuvo sentada y servida con una copa de vino, Azeman se sentó junto a ella, así cada vampiro estuvo a un lado de la humana. – ¿Quieres intentarlo? –  pregunto Azeman, dirigiéndose a Carmelius. – ¿Puedo hacerlo? –  pregunto ella sorprendida e impaciente. Aunque no le gustase esa forma de tratar a los humanos, Carmelius deseaba aprender a usar esa habilidad, y Azeman lo vio en sus ojos. Con una sonrisa, Azeman le tendió la mano para que se acercará, ella así lo hizo, quedando de puntillas frente a la chica hipnotizada, ésta seguía mirando a Azeman. –  Captura su mirada con los ojos. –  indicó él dando instrucciones. Carmelius así lo hizo, consiguió que la chica apartará la mirada de él para verla a ella, sin dejar de mostrar ese rostro sin emoción. –  Ahora ten la mente en blanco, – siguió él, – estás vacía, hueca… ¿lo sientes? –  pregunto, ella asintió concentrada sin desviar la mirada. –  Ahora entra en su mente… Carmelius así lo hizo, lo sintió en la mente y el cuerpo como si se conectará a la humana en ese momento, pero sin tocarla, era algo fascinante para ella, algo nuevo y único. Pudo ver y oír todos los pensamientos de Krissía, sus recuerdos, sus miedos, todo lo que tenía en la mente, ahora la tenía controlada, lista para darle alguna orden, y así lo hizo. –  Todo va a salir bien… – dijo Carmelius con voz madura y aguda, una que no parecía suya. Con eso, Azeman sonrió encantado y contento, viendo a su hija dominar otra habilidad más, entonces se acomodó en la butaca y observó relajado lo que su hija hacia con la humana, viendo que su regalo le gustó mucho. Carmelius estaba impaciente por hacer algo, pero no sabía que hacer primero, lo pensó con cuidado de no perder la concentración. – ¿Tienes familia Krissía? –  pregunto ella para empezar. –  No, ya no. – ¿Alguien que quieras, amigos, conocidos? –  Algunos, pero no los considero amigos. –  contestó ella. – ¿Por qué? –  Solo los conozco del trabajo, hay mucha rivalidad en esto, por eso nunca haces amigos o amigas en este trabajo, yo no quiero amigos para luego sufrir por su partida o abandonamiento, es una pérdida de tiempo. Mi familia hizo eso, me abandonaron, me vendieron para ser lo que soy ahora… desde pequeña que estoy en este infierno. Todo eso dejó a Carmelius sorprendida, asombrada de la vida que esa chica tuvo contra su voluntad, ante eso sin darse cuenta perdió la concentración y la chica dejó de estar hipnotizada, parpadeó varias veces confusa y pérdida, después miró a su alrededor, viendo a Carmelius y Azeman con ella, sentada cuando antes estaba en pie, no recordaba haberse sentado. – ¿Qué me pasa? ¿Qué me habéis hecho? –  pregunto ella inquieta, poniéndose en pie. – ¡¿Quiénes sois vosotros?! Azeman la miró tan tranquilo en su sitio, con una copa de vino en la mano colgando, la chica lo miró, y entonces lo vio, su rostro monstruoso de vampiro, ojos rojos y afilados colmillos, quedando asustada apartándose de la butaca donde estuvo sentada, ignorando a Carmelius que aún estaba aturdida por la vida de la chica. –  Dios santo, es usted… es ese vampiro, ¡El Conde Kamazotz! –  adivinó ella aterrada, alzando la voz cada vez más. Antes de poder gritar más o huir de allí, el vampiro moreno estuvo al instante detrás de ella, y la sujeto por el brazo izquierdo y el lado derecho del cuello, dejándola inmovilizada por el miedo y la fuerza, también con tener sus colmillos rozando su cuello estirado a la derecha, dejando que ella sintiera su aliento frio y sediento. Ante eso, Carmelius se giró rápidamente alterada, viendo lo que estaba pasando poniéndose en pie. –  No debiste meterte en la vida personal de ella Carmelius, ya sabes el resultado de ello. – dijo Azeman sujetando a la chica asustada, que empezaba a llorar. –  Bueno, ya sabes que hacer ahora. Cuando dijo eso, con la mano que sujetaba el cuello de la chica, la obligo a inclinar el cuello para dejarlo al descubierto y listo para morder, ante eso la chica chilló una vez aterrada, sabiendo de sobra lo que iban hacer, por eso le rezaba a Dios para que la salvará, cosa que era improbable en ese momento. Carmelius estaba viendo el sufrimiento de la chica, cosa que odiaba ver, por eso mataba a sus víctimas antes de que notaran o sintieran nada raro, ahora dudaba de hacerlo o no, dejar que lo hiciera él o hacerla olvidar ahora que sabía usar la hipnosis. –  Por favor, os lo suplicó, dejadme marchar… – pedía la chica suplicante entre lágrimas. –  No le diré a nadie que os he visto os lo juro… –  Ya es tarde para jurar nada preciosa, estabas por huir cuando te he cogido… así que tu palabra no vale nada conmigo. – dijo Azeman con su voz aterradora y perversa, asustando más a la chica con eso. – ¿Tu primera hija? –  Yo… no… – tartamudeaba Carmelius dolida por el sufrimiento de la joven. –  Ahora no… –  Deberías dejar de estar así cuando la presa está asustada y consciente de lo que somos Carmelius, no siempre será a tu gusto… tendrás que matar a aquellos que te descubran si quieres seguir oculta de los humanos… te lo digo por ti, tú decides. Carmelius lo escucho, no podía negar que estaba en lo cierto, aunque no le gustase oírlo. Viendo el rostro de sufrimiento de su hija, que la bajo dudosa, Azeman decidió hacer algo para hacerla decidir ya, entonces, con la mano que sujetaba el brazo de la chica que libero un momento, ya que, la chica estaba petrificada de miedo, tanto como para moverse. Alzó la mano hasta el lado del cuello estirado, y con su afilada uña blanca, le hizo un pequeño corte, haciendo que se quejará un poco llorando, con eso hizo que brotará un poco de sangre, que se deslizó hacia abajo un poco. Al oler y ver la sangre en el cuello de ella, a Carmelius le vino ese ardor en la garganta, la sed de sangre que era insoportable, por eso puso una mano suya sobre el cuello incomoda. –  Lo siento hija, pero debías decidir por esto, créeme, es la única solución… – aseguro él seriamente, volviendo a sujetar del brazo a la chica llorando. –  No es cierto eso, ah… podemos hacer que lo olvide todo ¿no? –  recordó ella, intentando aguantar las ansias de sangre. –  Si, podemos. Pero ella es mi regalo de cumpleaños, y no pienso ir a buscarte otro o mandar a los gitanos ahora que se han ido por orden mía. – dijo él algo molesto. –  Te guste o no, debes beber su sangre para no tener está sed que te atormenta cada momento que tengas hambre, vamos… ven y bebe de ella. –  insistió él, ofreciendo a la chica aterrada e inmóvil. Carmelius no deseaba todo aquello, pero la insistencia de su padre, la sed de sangre y todo estaban en su contra, y le decían que bebiera de la chica que estaba mirándola suplicante, pidiéndole que la dejará ir o que la salvará, eso ya no era posible, Carmelius lo estaba viendo, sabía que era inevitable hacer lo que debía hacer en ese momento, alimentarse de esa humana hasta dejarla seca y muerta, así no sufriría esa vida más, eso hizo decidir finalmente a Carmelius, por lo que, dejando de tener la mano en el cuello, camino hacia ellos con el rostro medio oculto por su melena negra, aterrando a la chica y haciendo sonreír a Azeman, mostrando los colmillos deseoso y sediento de beber también. –  Por favor, no lo hagas, te lo suplicó… – decía Krissía temblando de miedo, abriendo los ojos asustada cada vez que Carmelius se acercaba. –  Tú no puedes ser mala, no tienes por qué hacer esto… por favor no… Carmelius se paró estando frente a los dos, y alzando la mano apartó la ropa y el pelo de la chica para tener despejado el punto donde mordería, mientras, Azeman deslizaba su mano por el brazo sujeto de la chica, hasta que llegó a la muñeca, que alzó hasta su cara, sonriendo satisfecho y ansioso con los colmillos a la vista, Krissía estaba tan asustada que tenía el corazón acelerado y la voz atorada como para gritar, y se le acelero más cuando, dando un jadeo de sed, lamió la sangre de su cuello, haciendo que la chica temblará de miedo, pero también de placer, después, Carmelius se apartó un momento para mirarla a la cara, viendo sus lágrimas por todo el rostro y mandíbula, y Krissía su rostro serió y apenado, siendo sincera con ello. –  Por favor, deja que me vaya… – intento Krissía de nuevo. –  Lo siento mucho. –  se disculpó Carmelius con sinceridad, con voz apenada y dolida. Krissía abrió del todo los ojos, y sin poder hacer nada para defenderse, Carmelius y Azeman la mordieron, ella por el cuello, donde estaba la herida, y él por la muñeca del brazo, dejando que la sangre brotará entre sus labios. Al momento, Krissía dio un fuerte grito de dolor y horror, sintiendo como su sangre fluía de las mordidas deslizándose por el cuerpo, debilitándola poco a poco hasta que dejó de gritar, perdiendo el conocimiento por la pérdida. A pesar de no ser sangre de virgen, Azeman y Carmelius disfrutaron de esa sangre hasta la última gota, sujetando a la chica que no se aguantaba ya en pie, notando como su corazón dejaba de latir finalmente, en ese momento los vampiros dejaron de beber su sangre dando un jadeo de placer y satisfacción. Azeman fue el primero en dejar de beber, dejando el resto para su hija, que le acarició la cabeza, enredando así sus dedos con su cabello n***o. Él no lo veía, pero Carmelius estaba llorando un poco por el sufrimiento de la chica, deseando que hubiera sido de otra forma, por culpa de su distracción la chica acabo por sufrir lo que le hicieron, cuando pudo haber muerto sin sufrir apenas, más bien disfrutando de esa sensación de placer, pero no, ya estaba hecho. 
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