Entonces, oyó como el sonido de pasos y voces iban hacia donde estaba, por lo que se fue en un instante de allí, sin importarle que encontraran el cuerpo, sabía que descubrirían que era obra suya al instante. Saltó al tejado de un salto, y vio como los policías encontraban el cuerpo de la vagabunda muerta con unos agujeros en el cuello, y eso los aterró enseguida, en verdad, sabían del culpable de aquello.
– ¡El Conde Kamazotz ha vuelto a atacar! – exclamó uno aterrado. – ¡Hay que avisar a todos, rápido!
La gente enseguida se fue a avisar al pueblo entero para que estuviera preparada, y eso al vampiro que lo observaba todo le hizo mucha gracia, ver como todos asustados corrían arriba y abajo solo por haber encontrado un cuerpo. Por esa noche ya estaba satisfecho con esa humana, y decidió volver, ya debería estar a punto de empezar el proceso.
Lo del cuerpo de la joven vagabunda enseguida llego a oídos de todo el mundo, sobre todo de los conocidos de Carmilla; los criados, que aterrados rezaron para que no hubiera sido también atacada por el vampiro y estuviera ya muerta, o no– muerta. Cuando Rizort lo oyó, le pareció una autentica estupidez eso de los vampiros, nunca creyó en ellos, y menos en el Conde Kamazotz, nunca lo vio y por eso no creía que existiera.
Blade había sido atendido por el mismo doctor que Carmilla, y dejó que estuviera en la habitación de Orlat para vigilarla, impediría a toda costa que su padre matará a esa joven dormida. Cuando se enteró de lo la muerta, estaba seguro de que Carmilla estaba bien, pero estaba inquieto por eso del vampiro Kamazotz. La noticia también llegó a las familias de las amigas de Carmilla, sobre todo a la de chica quién escucho a Rizort y Blade en el callejón, suplicó que su amiga estuviera bien allí fuera.
En ese momento, Carmilla vio que se había quedado adormecida de nuevo, y se aclaró los ojos para no volver a adormirse, la verdad es que tenía el cuerpo cansado y dolido, pero ya no tanto como antes. En ese momento, pudo ver a través de la ventana como una manada de murciélagos volaban hacia el castillo, dedujo que era el vampiro de regreso.
Entonces, de golpe sintió que su corazón latía con mucha fuerza, como si fuera a explotar y todo su cuerpo le doliera de repente. Eso hizo que ella, confusa, se encogiera y arqueara el cuerpo una y otra vez sin parar, la cabeza le ardía con fuerza como el cuerpo, por el dolor Carmilla no pudo evitar gritar de dolor y gemir en alto. Fue entonces cuando el vampiro apareció en la habitación, y no parecía sorprendido de lo que pasaba, por lo que se sentó a los pies de la cama, sin estar al alcance de Carmilla.
– ¡ahhhhh! ¡ugh, arf! – gritaba ella ahogándose y sintiendo un dolor sin igual. – ¡uaaaaahhhhh!
– Aguanta un poco más… tu cuerpo se está muriendo, pero no hagas caso, es parte del cambio a la no– vida, tu cuerpo debe estar cuerpo, pero solo será una muerte mortal… – explicó él con calma, disfrutando un poco de la escena. – Yo sé que puedes aguantarlo lo suficiente como para cambiar…
Carmilla pudo escucharlo a pesar del dolor del cuerpo y la cabeza, por lo que, se agarró con fuerza en la cama y respirando hondo aguanto el dolor, que iba creciendo por segundos, haciendo que su corazón latiera con fuerza y se oyera en alto, su cabeza ardiera como un volcán, hasta que todo cambio. De repente su corazón empezaba a latir menos y eso hizo que le costará respirar, supo que era parte del cambio, pero era insoportable todo aquello.
Aguanto el dolor con toda su fuerza, echando la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados con fuerza, ahogándose como si estuviera en el agua sin aire. Hasta que al final, el corazón dejó de latir ya, pero ella seguía estando consciente pero inmóvil, entonces sintió como el calor de su cuerpo cambiaba a uno diferente, supo enseguida que ahora su cuerpo estaba muerto y frío como el de él.
Ella no lo vio, pero él sí. El aspecto de Carmilla cambio un poco, pareciéndose un poco más a él, como si fuera en verdad su hija genética; el pelo un poco más largo y liso, incluso más n***o y brillante, su piel se puso blanca y pálida, pero de forma hermosa, los ojos de marrones a rojos intensos y fieros, y los caninos crecieron hasta ser afilados colmillos bajo los labios.
Ante eso, el vampiro se acercó impaciente, y vio como ella parpadeaba un poco, notando que podía moverse sin sentir ya ese enorme dolor. Aún insegura, movió un poco los brazos, sintiendo que eran más fuertes que antes, y con ellos se alzó para sentarse, mirando al vampiro.
– Ahora dime ¿como ves a tu alrededor? – pregunto él entre los colmillos sonriendo.
Ella no contestó, sino que observó la habitación, viéndola en verdad distinta y mucho mejor que antes. Todo estaba igual pero diferente al mismo tiempo sin saber por qué, después se miró a si misma, poniéndose de pie ayudada por el vampiro moreno. Abrió y cerró las manos, viéndolas blanca y pálidas, las uñas largas y afiladas y blancas, sintiendo que eran fuertes y ligeras.
Ella era una vampira recién creada, no como los demás sino siendo la hija de su creador, ni amante ni sierva, eso era completamente distinto, podía obedecerle o no si ella lo deseaba, sabía todo eso con solo tenerlo ya en la mente al ser ya una vampira, supo enseguida que era la sangre del vampiro que estaba en su cuerpo.
– ¿Como te sientes ahora pequeña mía? – pregunto él acercándose a ella por el costado.
– Extraña… fuerte… viva, pero sin estarlo en verdad… es una sensación extraña en verdad… – contestó ella sin mirarlo, abriendo y cerrando las manos. – Me siento fuerte y dura…
– Es natural… ahora eres como un bebe recién nacido, pronto estarás mejor. – aseguro él a su lado.
Entonces, Carmilla sintió en los ojos algo brillante que, hacia arder los ojos, y el vampiro la cubrió con un abrazo, sabiendo que pasaba.
– El sol este…
– Sí, lo se… ahora es muy molesto para tus ojos inmortales, pero pasará con los años, tranquila. – dijo él, apoyando la cabeza sobre la de ella. – Deberías dormir ya… no es bueno que este despierta por el día…
– Creía que la luz del sol nos convertía en cenizas… – comentó ella.
– El sol no es un enemigo… simplemente la detestamos un poco, pero podemos caminar bajo el sol como los humanos. – dijo él.
Entonces, Kamazotz apartó a Carmilla de la luz sin dejar de abrazarla, cuando la tuvo en la sombra, fue hacia la ventana y corrió la cortina oscura, dejando la habitación como si fuera de noche otra vez, y Carmilla suspiró aliviada frotándose los ojos irritados.
– Hoy debes dormir en la cama, mañana traeré un ataúd para ti… – dijo él. – Puedes dormir donde quieras, pero es mejor tener un ataúd por seguridad.
Carmilla escucho con atención lo que el vampiro le decía, ahora él sería su padre y amo, debía aprender mucho de él y hacer todo lo que le dijera cuándo terminará con su cometido. Antes de que pudiera decirle algo, él había desaparecido de la habitación, por lo que entendió que él debía dormir también. En verdad, ella enseguida se sintió un poco débil por causa del día, por eso se tumbó en la cama, quedando dormida enseguida hasta que cayera el sol en el horizonte.
Durante todo el día, la policía busco a Carmilla y no encontraron rastro de ella, por lo que decidieron interrogar a los criados para averiguar más, saber los motivos de la desaparición si las había, o si había alguien que quisiera secuestrarla por algún motivo. Los criados, a causa de la preocupación por su señora les costó responder a las preguntas de la policía, pero hicieron lo que pudieron.
Ellos explicaron que en algunas ocasiones vieron a su ama extraña y diferente, pensaron que era por todo lo ocurrido con su familia, sobre todo por el empeoramiento de su hermana menor, pero también recordaron algo más reciente, la reunión que ella tuvo con Rizort, y cuando él salió de la habitación de ella, la encontraron petrificada e inmóvil en su sitio, incapaz de oírles llamar.
Eso hizo que la policía fuera a interrogar a Rizort, buscándolo en su casa, pero estaba vacía, por lo que fueron a su bar y allí estaba, conversando con una de sus camareras, que al ver a los policías se fue enseguida dejándolo con ellos.
– Señor Rizort, nos gustaría hacerle algunas preguntas si no le importa. – pidió uno de los agentes.
– Si que me importa oficial, tengo cliente que atender. – dijo él a punto de ir por detrás de la barra.
– Se trata de Carmilla Fitzroy, señor Rizort. – aviso el oficial. Eso detuvo a Rizort, girándose hacia ellos de nuevo. – Nos gustaría que nos explicará que paso en esa conversación que tuvo con la señorita la última vez que estuvo en su casa.
– ¿A qué viene eso ahora? ¿No deberían estar buscándola? – pregunto Rizort algo nervioso, pero mostrándose calmado.
– Para eso hemos venido señor, para saber más sobre los motivos de la desaparición.
– ¿Y no puede haber sido secuestrada por alguien? – pregunto de nuevo, intentando hacer que se marcharan.
– Para eso venimos a verle… – dijo el oficial sin perder la paciencia aún. – Según los criados de la Residencia Fitzroy, la señorita Carmilla estuvo como asustada por algo después de su reunión con ella.
Mientras el oficial explicaba los hechos, Rizort recordó esa reunión que tuvo con Carmilla, amenazándola de que se casará con su hijo si quería que su hermana siguiera con vida. Eso hizo que recordara también la pelea que tuvo con su hijo en el callejón anoche, diciéndole que como pudo hacer tal cosa por el simple hecho de desear la fortuna de su familia, eso hizo que se riera por dentro, sin que la policía lo notará
– ¿Asustada? ¿Qué me están diciendo? – pregunto él, disimulando confusión. – Cuando yo el deje estaba bien, ni asustada ni nada, esos criados son solo unos mentirosos, seguro que tienen algo que ver con la desaparición de mi futura yerna. – culpó él molesto, divirtiéndose por dentro.
Los oficiales se miraron entre sí, pensando en lo que él decía, pero no estaban seguros de que fueran posible lo que Rizort decía. En ese momento, por la puerta del bar entraba Blade, y detrás de él las tres amigas de Carmilla con rostro preocupado, por la herida de Blade y por la desaparición de Carmilla. Los cuatro vieron a la policía junto a Rizort, confusos fueron hacia ellos.
– Padre, ¿Qué está pasando aquí? – pregunto Blade al estar detrás de los oficiales. – ¿Qué hace aquí la policía?
– Nada hijo, los caballeros fueron engañados por los estúpidos criados de la casa de Carmilla. – contestó Rizort. – Han hecho que pensaran que yo tenía algo que ver con la desaparición de Carmilla.
Al oír eso, él y las chicas quedaron sorprendidos, solo Blade y una de ellas, la de en medio, disimularon asombro, ya que, sospechaban también de Rizort sobre ello. Blade odiaba a su padre por lo ocurrido con Carmilla antes de todo esto, por eso sospechaba de él, pero viendo que también la buscaba desesperado como los demás le hizo dudar de sus sospechas.
La chica de en medio del grupo de amigas, una de pelo largo y castaño rojizo, miró atentamente a Blade y Rizort, recordando lo que oyó anoche en el callejón, sobre el asesinato de los padres de Carmilla y la amenaza que Rizort le hizo a ella, nunca pensó que ellos fueran de esos, pero viendo como Blade miraba a su padre y como reaccionó ante lo que le confesó, pensó que fue obligado, por eso no le odiaba como a Rizort, decidió que, cuando Carmilla apareciera, si llegaba a aparecer sana y salva, le explicaría lo que había escuchado, dejando que ella hiciera algo al respeto por su cuenta.
– Mónica. – llamó una voz a su lado, por una de sus amigas. – ¿Pasa algo?
– No, nada…
– Oficiales… – llamó Blade, poniéndose entre su padre y ellos. – Entiendo que hagan su trabajo… pero no ganan nada sospechando de mi padre, no tiene motivos para hacerle daño a Carmilla, ella será mi futura esposa cuando vuelva de donde está retenida o lo que sea.
– No podemos descartar ninguna posibilidad, señorito Blade. – dijo uno de los oficiales.
– Lo sé, pero les aseguro que no ganan nada interrogando a mi padre, él no tuvo nada que ver en esto, les aseguro de ello. – juro él con serenidad.
Todos quedaron sorprendidos ante Blade, sobre todo su padre, que no entendía por qué insistía de esa forma después de lo ocurrido anoche, lo mismo por Mónica, que miró confusa a Blade. Ante la seguridad de Blade, los oficiales decidieron retirarse y seguir con la búsqueda de pistas en otro lugar, hicieron una reverencia y se retiraron de allí con seriedad. Cuando salieron del bar, Rizort que estuvo detrás de su hijo, le puso una mano sobre el hombro, haciendo que girara la cabeza hacia él.
– Te agradezco el haberme defendido, hijo mío. – dijo Rizort, con una mirada algo siniestra.
Con eso, Rizort dejó el hombro de Blade y se alejó de él y las chicas para trabajar en la barra. Blade siguió con la mirada a su padre, sintiendo odio por dentro, ya que, esa mirada que le dio era provocativa, como si estuviera siendo controlado por él y no deseaba eso. Las chicas también siguieron a Rizort con la mirada excepto Mónica, que miró de reojo a Blade, notando cierto odio en esa mirada a pesar de que la disimulaba muy bien.
– Espero que encuentren pronto a Carmilla chicas. – dijo una que estaba al lado de Mónica, llamando su atención.
– Estar tranquilas, – dijo Blade, caminando un poco hacia ellas con una sonrisa amable. – Carmilla es más dura de lo que aparece, seguro que estará bien donde quiera que este.
Con eso las chicas estuvieron tranquilas, menos Mónica que miró fijamente a Blade. No dejaba de tener en mente lo ocurrido en el callejón con su padre, lo que oyó y vio, por eso estaba confusa ante la acción de Blade, el haber defendido a su padre de la policía cuando debía haber dicho la verdad, por mucho que fuera su padre, debía odiarlo por todo lo que hizo contra su prometida Carmilla, que la amaba con todo su ser.
– ¿Nos vamos Mónica? – pregunto una de sus amigas a su lado.
– ¿eh? Sí, claro vámonos. – acepto ella distraída. – Nos vemos Blade.
– Adiós. – se despidió él, girándose para ir a ayudar en el bar.
Las chicas enseguida se fueron de allí, que empezaba a llenarse de hombres, y no era seguro para ellas estar entre esos hombres que solo pensaban en divertirse y emborracharse en pleno día. Mónica no dejó de estar girada a la caverna donde estaba Blade, pensando en que hacer sobre lo que sabía, si decirle a Carmilla primero o decirle a Blade que confesará y fuera él quién se lo contará cuando apareciera, estaba echa un lío.
Durante el resto del día, la policía siguió buscando a Carmilla, pero ni rastro. Cuando se estaba poniendo el sol, tuvieron que dejarlo y la dieron por desaparecida completamente. Eso enfureció a los conocidos de Carmilla, pero ellos también estuvieron buscando por todo el pueblo y nada, y eso les destrozo de verdad. Cuando se enteraron Blade y su padre, no podían creerlo, sobre todo Rizort, que ahora no sabía como acceder a la fortuna de ella, y a Blade, que estaba completamente destrozado, tanto que se encerró en su habitación cerrada por dentro.
Tanto los criados de Carmilla como sus amigas, sobre todo Mónica, rezaron y confiaron de que Carmilla estaba en algún lugar a salvo, solo que por todo lo ocurrido no deseaba aparecer. Los criados siguieron trabajando en la casa a pesar de no estar su señora, deseaban que regresará, sobre todo la joven criada que se ocupaba de la habitación de ella. Mónica estuvo en su habitación, sentada junto a la ventana mirando el cielo, que poco a poco se iba poniendo rojizo por el anochecer.
Se hizo de noche, y casi todos se fueron a dormir, excepto los seres que ahora despertaban de su dormida diurna. Al notar que ya era de noche, Carmilla fue despertando poco a poco descansada, pero cuando se sentó sobre la cama, sintió un ardor en la garganta, era una sed que nunca tuvo antes, y era inaguantable. A pesar de haber dejado de respirar, esa sed hacia que sintiera como si su corazón latiera excitado, y se tocó la garganta ahogada y sedienta.
– "El cuerpo… la garganta… tengo sed… mucha sed, y no sé de qué." – pensó ella algo asustada, intentando aguantar esa sensación que tenía.
Sin que ella lo viera, el Conde Kamazotz apareció de entre las sombras, yendo hacia la cama de ella sin dejar de mirarla en esa posición, sabiendo al instante que le pasaba, eso le hizo sonreír un poco.
– Tranquila… – dijo él, sobresaltando un poco a la chica. – Esa sed que sientes es normal ahora, no has bebido nada de sangre desde que eres vampira… ahora que es de noche puedes ir a saciarte con alguien. – explicó él, mientras deslizaba las cortinas para dejar ver la noche despejada.
– ¿Saciarme con alguien? ¿Quieres decir atacar a una persona y tomar su sangre? – pregunto ella aterrada. – Ni hablar…
– Es nuestra naturaleza pequeña mía, te guste o no, tú lo elegiste así y debes aceptar las consecuencias de está nueva vida que tienes, si en verdad quieres descubrir la verdad de la muerte de tus padres tendrás que ser una vampira como tal. – dijo el vampiro con seriedad, girándose a ella mientras cruzaba los brazos. – ¿Deseas seguir con tu objetivo o no? – pregunto.
Las palabras del vampiro sonaron muy convincentes para Carmilla, por lo que tuvo que aceptar su nueva condición y matar a alguien para poder saciar esa sed de sangre que tenía. Entonces, vio a sus pies unas ropas nuevas, masculinas de color n***o, rápidamente, sin importarle que el vampiro estuviera presente, se quitó las que tenía manchadas de sangre para ponerse esas, y encima una capa negra como a de él, pero más para mujer.
Al ver que la convenció al fin, el vampiro abrió la ventana con un empujón, abriéndola en par. La brisa sopló en la habitación, y el vampiro extendió la mano hacia ella para que se acercará, ella confusa dudo un momento, pero después estiro la mano hasta tocar la de él, haciendo que se pusiera en pie y caminará hacia la ventana, que al asomarse vio que era mucha altura y la acobardo un poco.
– No tengas miedo… déjate llevar por tus habilidades y ese miedo desaparecerá por completo. – dijo él al oído de ella.
Entonces, el vampiro salto por la ventana, ella se sobresaltó, pero cuando lo miró, como flotando en el aire y aterrizar en un árbol más debajo de la ventana a varios metros, sin un rasguño ni nada, se quedó asombrada. El vampiro estaba de pie sobre una rama gruesa de un árbol, y miró a Carmilla para que lo hiciera también, asegurando que podía hacerlo sin dificultad alguna.
Dudosa y desconfiada, se echó un poco hacia atrás para coger carrerilla, y cuando corrió y dio el salto, notó como si flotará y cayera sobre otro árbol como si nada, eso la dejó sorprendida y río alucinada totalmente, viendo que en verdad podía hacer cualquier cosa con ese poder que tenía. Kamazotz saltó de árbol en árbol hasta llegar a ella, ya que había saltado varios metros más que él.
– Enhorabuena, has saltado sin pensarlo mucho tiempo, estoy impresionado. – halagó él al lado de ella.
– Vaya, es… increíble. – dijo ella asombrada, aún sin creer que hubiera echo eso. – Pensé que sería difícil saber hacerlo…
– Depende de quién seas. – dijo él. – Poco a poco irás descubriendo más habilidades, ahora tenemos que ir al pueblo.
Entonces, él se acercó a ella y el abrazo entero para tenerla pegada a él sin tener los pies en el suelo. Ella ante eso quedó extrañada y algo sonrojada, pero después, él empezó a flotar en el aire y a toda velocidad volaron hacia la ciudad, ella tuvo que cerrar los ojos por el fuerte viento que soplaba en contra, pero enseguida pudo abrirlos por qué ya estaban sobre la ciudad de Bransov.
Con lentitud y suavidad, Kamazotz aterrizó en una azotea, la más alta encontrada para poder ver la ciudad entera desde hay. Carmilla estaba impresionada con todo, el poder que él tenía y que podría tener ella en el futuro inmediato y el paisaje que estaba viendo que nunca imagino ver en su vida o no– vida. La ciudad estaba a oscuras, pero algo iluminada por los faros encendidos, había poca gente en las calles, seguramente estaban en cavernas o en casa cenando. Carmilla observó todo a su alrededor sorprendida y sonriendo, Kamazotz la observaba, viendo que le gustaba esas vistas.
– Nunca imagine que la ciudad se viera tan grande. – dijo ella. – Vaya… – exclamó asombrada.
– Sabía que te gustaría… siempre que vengó miró un poco el paisaje antes de comer un poco… – dijo él acercándose a ella mientras miraba a su alrededor también. – Todo es hermoso dependiendo desde donde lo mires.
– Ya lo veo… – dijo ella.
Tan distraída estaba mirando todo, que cuando el vampiro se acercó, no espero que él la abrazará por detrás, rodeándola por los hombros y apoyando la cabeza en un lado. Al sentirlo, ella quedó petrificada y sonrojada, ya no le sentía frío, más bien cálido de alguna forma, ya que ambos estaban fríos y muertos. Él la abrazaba por encima del pecho, cruzando el brazo encima del otro sin abrazarla con mucha fuerza, solo los apoyaba como su cabeza en el hombro izquierdo de ella, sin mostrar vergüenza de ello.
– Ahora te dejaré hacer lo tuyo, sin meterte prisa, pero recuerda que tienes que estar en el castillo antes de que amanezca. – decía él en el oído de ella, haciendo que ella temblará un poco por la sensación. – Yo iré a hacer lo mío también sin meterme en tu camino… si tienes problemas, solo di mi nombre y vendré a ti… tomate el tiempo que necesites para averiguar lo que quieres saber… eres libre de hacer lo que quieras mi niña.
Con eso, el vampiro dejó de abrazarla con lentitud, y después se marchó a espaldas de ella, que aún estaba petrificada en su sitio, un rato después recupero el movimiento, y miro a su alrededor, viendo que en verdad Kamazotz se había ido, dejándola sola allí para hacer lo que quisiera. Al principio no sabía que hacer, sabía que primero debía saciar esa sed que tenía, pero no sabía con quién, no quería matar a ningún inocente sin motivo.
Mientras estuvo allí de pie en la azotea, le vino a la mente la sensación que tuvo cuando el vampiro la abrazo por detrás, dejándola petrificada, pero no de miedo, sino de respeto, como si confiará ahora completamente en él, pero sin faltarle el respeto, eso mostraba que en verdad ahora era su hija y debía hacer todo lo que él le dijera sin rechistar, aunque pudiera hacerlo.
Cuando dejó de pensar en eso, decidió dar una vuelta, saltando por los tejados, fue entonces cuando, cerca de la plaza donde estaba la caverna que conocía, en un callejón oscuro y vacío de gente, vio a una chica joven corriendo asustada, y detrás de ella la perseguía un hombre más mayor que ella con una navaja en mano, posiblemente un violador de la zona o un hombre borracho que deseaba divertirse con esa chica asustada que huía de él como podía.
Al ver eso, a Carmilla le vino a la mente la posibilidad de poder alimentarse, y no de los inocentes, sino de los humanos malvados; violadores, asesinos, maltratadores, etc.… como los que intentaron matarla en ese callejón cuando conoció al vampiro. Esa idea le pareció buena, pero no estaba segura si sería capaz de matar a alguien. Vio como el hombre no cedía a perseguir a la chica, que empezaba a agotarse, fue entonces que decidió ayudarla, sin que supiera que era una vampira. Enseguida se le ocurrió un plan, y lo puso a cabo.
Mientras, la chica iba corriendo, con la falda del vestido cogido por las manos, sin mirar atrás. El hombre corría riendo, sabía que pronto la chica se cansaría o se caería y ya estaría en sus manos. Entonces, cuando vio que ella giraba en una esquina, acelero la marcha para no perderla, y fue entonces que algo lo golpeo en plena cara y le hizo caer al suelo. Al oírlo caer al suelo, la chica paro y se giró curiosa, y vio que entre ella y el hombre en el suelo había una mujer vestida de n***o con el pelo suelto y n***o largo.
– ¿Quién… sois vos? – pregunto la chica, acercándose un poco.
– Solo una que pasaba por aquí, que no podía tolerar que este desgraciado te hiciera daño… – dijo Carmilla girando la cabeza hacia ella.
A causa de la oscura y la luz que estaba detrás de Carmilla, la chica no pudo ver el rostro de ella, y eso ayudo a Carmilla a no ser reconocida por ella. Entonces, ambas oyeron con el hombre se quejaba y se movía recuperando el conocimiento.
– Vete, yo me ocupo de él tranquila, vete a casa ya. – dijo Carmilla insistiendo. – ¡Vamos vete!
La chica sin pensarlo dos veces se fue corriendo de allí por la dirección que estaba tomando antes, y enseguida desapareció por una calle. Cuando Carmilla se aseguro de que no había nadie más excepto ese hombre, se giró a él sería y esperando. El hombre con dificultad se puso en pie, con una mano en la cara dolido por el golpe. Enseguida vio a la mujer de n***o, pero no a la chica de antes, por lo que supo que esa mujer la ayudo a escapar.