ZAYLA No es que no los haya visto vestidos formalmente, pero la de esta noche era muy diferente. Todos iban de n***o excepto Ziven, que combinaba sus pantalones negros con una camisa blanca impecable. Lo miré y nuestras miradas se cruzaron. Verde. Pecaminoso. Oscuro. "Ni se te ocurra intentar algo gracioso", me advirtió, y al instante comprendí a qué se refería. Podría haber asentido y asegurarle que no lo haría, pero en cambio, puse los ojos en blanco, con los labios estirados en una sonrisa burlona: "Cuídame, y no lo haría". Su mirada se transformó en una mirada fulminante. Ardiente y perversa. Entonces, sin decir una palabra, apartó la vista de mí, como si no estuviera de humor para entretenerme. No tardé en sentir la presencia de Matilda detrás de mí. Me dio un codazo: "Vamos, ade

