Francesca.
A veces ser la más pequeña de la familia tenia sus beneficios, ellos cuidaban mucho de mí y sobre todo luego del accidente que tuve con mi primo. Pensar en eso todavía da un escalofríos en mi cuerpo, creo que la vida decidió que las cosas sucedan por algo porque definitivamente si Adriano seguía en esta ciudad las cosas hubieran sido diferentes en todos los sentidos, pero volviendo a la realidad, tener veinticinco años, ser la única mujer, claro después de mi madre, tenia sus beneficios, más si los locos celos de hermanos protectores salían ante cualquier hombre que desee algo más conmigo.
No voy a mentir, no soy una santa, tengo mis secretos y mis locuras.
Aunque me muestre como una dulce chica, puedo ser diferente y demostrar la locura que cargo en mi cuerpo, no tanto como mi hermano Giovanni, pero si mucho más que Nicholas, mi hermano mayor.
Soy la pequeña de tres hermanos, la única a la que ellos dejan hacerle lo que quiera y por supuesto la que más los controla, además de sacarlos de líos de polleras que tanto le gusta meterse, en especial Gio, el si es mayor dolor de cabeza. A veces no se quien es el hermano pequeño de esta familia.
— ¡Francesca! — exclamo mi hermano mayor al ingresar a mi oficina en compañía de Julián De Luca, un gran amigo de la vida y parte de mi familia.
— ¿Qué hicieron? — pregunto tocando el puente de mi nariz.
Los conozco demasiado bien para saber que están metidos en un nuevo problema.
— Esta vez nada, solo Nick que se encuentra en crisis — contesta Julián riendo.
Veo a mi hermano mayor nervioso, caminar por la oficina mientras maldice entre dientes.
— ¿Qué te tiene de esa forma Nicholas? — inquiero desconcertada.
— No sé si es buena idea …
Julián se ríe.
— El idiota se está arrepintiendo de lo de Isabel …
— Yo no dije que me estaba arrepintiendo, solo que me parecía mucho lo del compromiso delante de tanta gente, nosotros no somos de esa forma — contraataca dando su punto.
— Tampoco me parece justo que tu porquería forma de pedirle matrimonio sea la correcta, esa mujer se ganó el cielo al soportar tu intensidad, además te vas a casar una sola vez en la vida por ende si se merece un linda propuesta de matrimonio, que sea única y especial — determino.
Nick se queda en silencio, lo veo sentarse en el sillón más cercano buscando calmar todo lo que siente y sonrió feliz, es la primera vez en mi vida que veía a mi hermano de esa forma, definitivamente Isabel es la mujer correcta para su vida.
— Mañana iremos a comprar el mejor anillo para ella — murmura.
— ¿Qué dijiste, Nicholas? — se burla Julián.
— Basta — gruñe molesto.
— Silencio — ordeno.
Ellos me observan mientras saco mi agenda.
Como todo Salvatore, el control y el orden es fuente fundamental de nuestras vidas.
— Mañana por la tarde libre, podemos ir a ver lo del anillo y mira la personalidad de Isabel, creo que es sencilla no necesita algo ostentoso — declaro.
— ¿En verdad vamos a dejar que se case? — inquiere Julián frunciendo el ceño.
— ¿Y cuál sería el problema a eso?
— Julián — gruñe mi hermano.
Frunzo mi ceño mirando la forma en que se miran ambos, como si algo me estuvieran ocultando.
— Hablen — sentencio.
Como si fuera por inercia se levantan del sillón, Nicholas es el primero y tira de Julián para sacarlo de mi oficina, dejando en claro que me están escondiendo algo.
— ¡Lo voy a descubrir! — les grito a los dos que huyen antes de que puedan sacarme información
Sea lo que sea, lo voy a descubrir.
Durante mi día sigo ultimando los detalles sobre la organización, la fiesta de aniversario de mis padres y también en que momento Nicholas hará la propuesta de boda de matrimonio. Ser la mejor organizadora de eventos tiene su estrés, pero cada celebración es un gran logro para mi carrera profesional.
Quiero ser la mejor, bueno soy la mejor en lo que hago.
Cuando mi día parece finalizar, recibo un mensaje de Nicholas mandándome la ubicación de Giovanni y con claro mensaje que decía: “te toca”.
Maldita sea mi hermano.
Tomando mis cosas pongo el GPS para llegar a ese maldito club de striper, donde Giovanni es cliente vip y del cual hoy se encuentra encandilado por una bailarina de ese lugar. Él lo llama amor, para mi es una estupidez.
¿Cómo puede decir que está enamorado?
¿Cómo puede enamorarse de alguien que no conoce y se esconde detrás de una máscara?
Giovanni no tiene idea del amor.
— Solo hombres — me detiene el seguridad del lugar.
Saco de mi bolso una generosa suma de dolares y lo coloco en su bolsillo ante su atenta mirada.
— Hoy puede haber excepciones — le pido.
No dice nada, solo deja que ingrese al club. Luces rojas, algunas negras y amarillas como dando destellos. Hombres por todos lados, mujeres bailando en poco ropa y más hombres deleitándose por la bellezas de mujeres que ponen sus cuerpos para llevar dinero a sus hogares.
La vida no suele ser fácil.
Camino al lugar donde siempre mi hermano se sienta. Enfrente de ese escenario principal donde siempre baila su adorada bailarina. Diviso a Giovanni en ese sector, él se encuentra tan tranquilo tomando un vaso de whisky y aprovecho para interrumpir.
— Giovanni — digo.
— No otra vez — se queja al verme.
— Nos vamos a casa — determino.
— Tuve un mal día, esta vez no quiero pelear con Nick ni contigo — contesta levantándose de su asiento y tomando sus cosas.
Me sorprende verlo vestido con ropa del hospital, por lo que su mal día habrá sido real.
— Sin ropa en este lugar, bonita — habla un grosero hombre y me da una palmada en trasero.
Hombres idiotas.
— Infeliz — gruñe mi hermano que salta al hombre y lo golpea. Quiero frenarlo, pero es imposible, solo la gente de seguridad no puede quitar a Gio de encima de ese sujeto.
— Nos vamos — tiro de él para sacarlo del centro de atención.
¿Qué demonios hizo?
Mi idea de finalizar el día era con una copa de vino mientras controlo mi agenda y ahora debido a las acciones de mi hermano, nos esperaba una larga noche en una departamental de policía, mejor es huir que terminar en los titulares de mañana.
— Gio — digo para que me mire.
— Voy a matar a ese desgraciado...
Le doy una cachetada fuerte en su mejilla haciendo que su atención esté ahora en mi dirección.
— Cálmate que tendremos más problemas — declaro.
— Mejor vamos a casa — murmura acariciando su mejilla.
Otros hombres se pelean entre ellos, diviso una puerta trasera y decido que debemos salir por ahí para evitar todo problema externo del exterior.
— Debes dejar de venir a este lugar — gruño.
— Es imposible, la amo ...
— Deja de decir estupideces, eso no es amor — mascullo.
— No vas a darme clases de amor — contraataca molesto.
— Por tu jodido bien espero que dejes de venir a este asqueroso club — le advierte.
— ¿Vas a castigarme si vengo? — ironiza.
— Sabes que soy capaz de hacerlo — contesto cabreada.
— Castigado por mi hermana menor — se burla.
— Giovanni — mascullo.
— ¡Taxi! — exclama levantado la mano para parar uno de esos vehículos.
Ruedo los ojos.
— Idiota — digo al verlo subirse sin mirarme.
Encima que vengo por él, Giovanni termina enojado conmigo
Vaya manera de terminar mi día.
Definitivamente es la última vez que lo salvo de esta mierda.