La mañana siguiente todos estaban listos para partir, incluso Claudio estaba ansioso por descender ya de esta montaña, habían sido días duros y quería estar en un lugar civilizado. —¿Cómo te sientes, mi amor? —fué la solícita pregunta de Irina. Habían pasado gran parte de la noche conversando y conociéndose más, ahora no como amigos sino como dos personas que se amaban profundamente. Tenían meses compartiendo como amigos sin darse cuenta que cada vez se enamoraban más el uno del otro. —Estoy bien, cariño. Muy animado por salir de aquí —se le veía en el rostro lo que sentía— Aunque siempre voy a recordar este sitio como algo muy especial, porque aquí hemos descubierto nuestro amor. A ésta frase Irina respondió con un tierno beso sobre los labios de su amado. —Bien, tórtolos, ¿Estamos l

