Martes por la tarde. Estaba sentado en el mueble de la sala y veía mi móvil con desesperación. Bella no me había escrito en dos días. Y su falta de interés estaba haciendo que me estresara.
Cuando el móvil empezó a sonar, lo tome con rapidez y me di cuenta de que solo era un mensaje del grupo. Hoy buscarían cosas que le recordarán a Jock y las guardaríamos.
Era estresante buscar algo que no existe, todo lo que podría servirme lo he desechado.
—¡Hades!—gritó Harry desde la puerta.
—¿Que haces aquí?—suspiré
—Tenemos un problema
—¿Tenemos?—alcé una ceja—Yo no tengo nada que ver contigo
—Estoy hablando enserio—me fulminó con la mirada—Un policía ha venido a verme.
—¿Y?—cerré los ojos de lo aburrida que era esta conversación y me encogí de hombros. No me importaba lo que le pasará a Harry. El solo era un peón más.
—Vienen por ti—fue lo último que dijo. Me cerró la puerta en la cara y se marchó enojado.
Sabía que debía ir a buscarlo, pedirle perdón y esas mierdas que suelen hacer las personas. Pero me daba tanta pereza que me tiré en el sillón nuevamente.
Mis días eran tediosos, no tenía amigos, no me gustaba salir y solo estaba metido en un teléfono o ordenador. Simplemente ordinario.
A veces era tan simple que yo mismo llegaba a odiarme, luego me miraba en espejo, veía mis ojos, mis pestañas y volvía a amarme nuevamente.
Bella: ¿Que haces?
Miré su mensaje con un toque de aburrimiento y decidí distraerme un rato. Como si su enojó y sufrimiento fuera un placer para mí.
Hades: Estoy matando a tu madre.
Bella: Mi madre está conmigo, jamás deberías decir esas cosas. Dan miedo.
Hades: ¿Y? Amo ver la sangre caer del rostro de las personas. Es simplemente artístico.
Bella: Podrías asustar a cualquiera con tus respuestas, pero no a mí. Yo sé de la su existencia.
¿Su existencia? ¿A que se refería? Esta chica era rara de cojones. Parecía estar más loca que yo. O tal vez simplemente fingía que sabía lo que decía. Solo tenía cáncer, solo debía ser una estúpida niña con cáncer.
El cáncer es una mierda, pero las personas lo hacen ver peor. Yo desearía tenerlo, viviría mi vida al máximo y moriría cuando menos me lo esperé. El timbre de la puerta volvió a sonar y me levanté con pesadez. Supuse que era Harry con sus lamentos de nuevo.
Pero todo se fue abajo, cuando vi a un agente de policía afuera.
—¿Se le ofrece algo?
—Venimos por el caso de Jock. ¿Era usted su amigo?
—¿Tengo cara de tener amigos?
—No estamos para idioteces joven, o responde las preguntas o va a detención.
Suspiré —No somos amigos, solo nos vimos una vez.
Intenté sonar lo más amable posible, no quería que me vincularán y menos sabiendo que yo lo había matado. El hecho de haber asesinado a alguien, hacía que mi corazón se sintiera vivo.
Era algo inexplicable, sentir como alguien grita y ruega por su vida. Es satisfactorio.
—¿Usted lo vio el día que murió?
—No exactamente
—¿A que se refiere? No tengo tiempo que perder.
Me recosté del marco de la puerta y lo miré con fastidio. Este hombre podía irse o morir aquí mismo.
—Nos vimos todos a una hora que no recuerdo. Después me fui con Harry.
—¿Y no lo volvió a ver?—preguntó
Negué—Nunca hemos sido muy cercanos. Nos llevábamos bien, pero era normal.
—Comprendo. Nos vemos después joven Ross.
—¿Como sabe mi apellido? —La mirada del hombre me indicaba que escondía algo. Pude notar pequeños destellos en sus ojos y de esa manera tomé su brazo—Nunca mencioné mi apellido.
—Son secretos de policías.
—Es usted un fraude.
—¿Quiere tener problemas con la ley?
Lo solté—Mejor váyase de aquí.
El hombre se acomodó la ropa y salió de mi casa. No dijo nada más. Solo se fue.
Me dirigí con rapidez al ordenador, busqué cosas de el que me pudieran servir y las guardé en una carpeta. Jamás había matado a una persona, siempre fueron animales, más que todo conejos y gatos.
Sus alaridos eran música para mis oídos y mis deseos eran saciados por ellos. Hasta que un día simplemente dejé de sentirme bien, matarlos me desesperaba. Quería tener más, sentir más. Y sucedió. Con Jock sentí un gran placer.
Llamé a Harry para salir un rato y contestó enseguida. No tardamos mucho en llegar a la plaza. Las personas poco venían a este lugar. Según he escuchado alguien murió aquí.
—¿Por qué ha venido un policía a mi casa?—fue lo primero que pregunte.
—Alguien te ha visto—susurró—Te has dejado ver.
—Nadie me vio—mascullé—Fui cuidadoso.
—Hades, ha sido tú culpa. Te dije que no hicieras nada y fue lo primero que hiciste—farfulló enojado—¿No puedes controlarte?
—Jock me tenía hasta los huevos. No quería seguir escuchando como decía idioteces.
—¿Y por eso tenías que matarlo?—murmuró—Eres un idiota, si los policías se enteran. Estas muerto.
—¿Me vas a delatar?—pregunté viendo a las personas. Como si no estuviéramos hablando de un crimen, como si el tema de esta discusión fuera sumamente normal.
—No, pero debes arreglarlo.
—Lo haré ¿Sabes quién me vio?
Negó—Creo que ha sido un vecino.
—Esta noche saldremos pequeño Harry.
—¿Pequeño Harry? Ni de coña, no pienso ir contigo.
—Claro que irás—reí.
Me levanté de la fuente y empecé a caminar hasta la casa, quería poder acostarme y preparar todo lo que haríamos.
Las cosas eran sencillas. Harry venía a casa, nos poníamos una peluca que se viera lo más real posible, usaríamos lentes de contacto, ropa negra formal y maquillaje para tapar lunares notables.
Todo estaba calculadora, pero sabía que no debía ser tan obvio. La manera en la que todo se salía de control, me enfermaba. Siempre necesitaba un plan, algo a lo que aferrarme.
Mi madre me miraba mal cuando hacía cosas lindas, cuando dibujaba o cuando le regalaba flores. Ella solo decía:
"Deja de hacer esas cosas, tu no eres así Hades. Al menos, hazle honor a tu nombre"
Me aferré tanto a eso, que acabé así. Empecé a buscar como era Hades, quién era él en la mitología griega. Y entonces lo vi, todo lo que había hecho. Lo que le habían hecho a el.
A medida que pasaba el tiempo, quise entender ciertas cosas. Y hasta ahora solo comprendo puntos importantes. Debo tener amigos para vivir como quiero, debo salir y convivir con las personas. De esa manera pasaré ileso.
Restregué mis ojos y empecé a arreglarme, el maquillaje tapó los lunares de mi cara, me coloqué unos lentes de contacto azul y una peluca castaña. Harry no había llegado, le había llenado el móvil de mensajes. Y aún así el no contesto.
—¡Hades!
—¿Harry?—pregunté delineando mi ojo.
—Los policías están la casa de Jock.
Me encogí de hombros—¿En qué nos afecta?
—Están revisando todo, pueden encontrar algo—se alteró.
—¿Por qué están investigando? No se supone que todo había salido bien—deje el lápiz en el lavado y apoyé mis manos en el.
—Su madre ha pagado para que investiguen. Para que hagan lo que sea por encontrar al asesino.
—Que lamentable—murmuré tomando nuevamente el lápiz. Generalmente, cuando salía a hacer estas cosas, delineaba la parte inferior de mi ojo.
—¿Como puedes ser así? Tan frío, tan anormal.
—Me estás empezando a molestar—mascullé—Te he dicho que todo está bien.
—Uno de los vecinos te vio, solo es cuestión de tiempo para que suelte la sopa.
—Vamos a estar bien—afirmé—Ya deja tus tonterías.
—Dame mis lentes de contacto—Le entregué la pequeña caja, con unos lentes de color n***o y una peluca castaña. Estaríamos pasando por ahí con normalidad, como si fuera nuestro vecindario.
—¿Sabes quién era el vecino?—me recosté de la pared
—Un viejo calvo, no se cómo se llama. Pero puedo reconocerlo.
—¿Como te has enterado de todo esto?—Me acerqué a su rostro y lo tomé por la camisa beige que tenía—¿Quién le ha dicho mi apellido?
—Hades—se soltó—No he sido yo.
—¿Como puedo saberlo?
—Caemos juntos si hablo—susurró—No soy tan idiota.
—Me alegro—sonreí—Bien, vayamos a la acción.
Asintió. Tomamos solo el teléfono y las llaves de mi casa, el camino hasta aquel lugar no fue tan corto. Pasamos un rato escuchando música y hablando de cualquier cosa. Harry no me caía mal, a veces lo miraba de reojo y sonreía.
Era la única persona que estaba conmigo cuando quería hacer algo. Algo de lo que otras huirían.
Cuando llegamos, nos bajamos y observé el montón de policías que habían en la estancia.
Con rapidez miré a mi al rededor y conté a todos ellos.
—Son treinta policías
—¿Como lo sabes?
—Los conté—me encogí de hombros—Hay diez patrullas y un solo detective. Estaremos bien.
—¿Como lo hiciste tan rápido?
—Es un don.