Charlotte Recuerdo que cuando era pequeña e íbamos a recibir visitas mi madre se ponía como loca — aún lo hace —, siempre pensé que lo suyo era una jodida exageración. A pesar de ello había aprendido, sí, mi madre me había instruido, a tener todo en absoluto orden para recibir a un invitado. El espejo de cuerpo completo me da una visión de mí. El vestido n***o — no soy devota a los vestidos —, pero Matt lo escogió para mí. Al igual que el calzado, hermoso pero no tan alto como acostumbro. Él comprende que estoy muy sencible. Al igual que de mi vestuario, mi esposo había hecho acopio de su galantería y sabiendad y la casa se encontraba más impoluta que de costumbre. Y, por si fuera poco él mismo ha cocinado, mi comida predilecta (y sí, la del período). — Estás hermosa, princesa. — sonrí

