•01 | Sr. Orgasmo.

2395 Words
            —Gracias por explicarme las ecuaciones para el examen de mañana, Jungguk—agradece Hana, con una mirada llena de insinuación—. Eres tan bueno dando tutorías, que quisiera pagarte con algo especial. En serio reconozco que has tenido mucha paciencia conmigo.     Sin interesarle demasiado, observa de arriba abajo al joven muchacho que es totalmente ajeno a que está siendo escudriñado desde que ocuparon ese salón hace más de una hora atrás. Aun así, el azabache de lentes continúa con una sonrisa amable sin darse cuenta del coqueteo impetuoso de la otra persona.     —¿Qué crees que estaría bien como medio de pago, Ggukie?—insiste, sin dejar de mordisquear su labio inferior, y jugar con un mechón de su cabello rubio.        La acción en casi tierna, casi; porque está lejos de ocupar ese calificativo si prolonga fingir ser quien realmente no es. Hana es compañera de estudio de Jungguk desde que inició primer año de instituto, jovencita de contextura estilizada, pómulos delicados y labios pomposos los cuales siempre gozan de un color cereza que su labial favorito otorga. Sus ojos castaños, pese a que conservan aquella chispa coqueta, dejan en evidencia la amabilidad que su verdadera esencia conserva. Su cabello rubio cae con delicadeza sobre sus hombros que son recubiertos por blazer azul marino de la institución, realzando gracias al color, su pálido tono de piel. Quien la viera, podría asegurar que no existe muchacha más hermosa y delicada.     Por supuesto, cualquiera lo pensaría, menos Jeong Jungguk.     —Oh, no, no hace falta—se niega, a lo que cree es una amable forma de retribuir su enseñanza.     Deberías pensarlo.     —S-Sabes que es un placer ayudar en lo que puedo a mis compañeros. Además, es mi deber como presidente de la clase. Siempre recuerda:—Hana coloca los ojos en blanco sabiendo exactamente lo que va a decir. Incluso, mentalmente lo dice seguido a él—. «El saber debe ser transferido sin ningún tipo de costo, para que las futuras generaciones tengan asegurado el poder del conocimiento.»     Ella definitivamente no lo entiende, ¿Cómo Jungguk puede ser tan... Así? Ya parece un anciano anticuado, todo recto y buena gente; es como si su mente viviera atrapada en una época que está demasiado lejos de la actualidad. Inclusive, está muy segura que seguirá siendo virtuoso hasta sus treinta años, ¿Quién sabe? Hasta podría morir siendo puro e inocente.     —Oh, Jungguk—suspira rendida—. Aún no puedo asimilar que seas tan lento.     Definitivamente todas las horas de estudio que invirtió en las clases con él, han sido en vano. Bueno, no técnicamente, ya que le ha resultado bastante favorable para sus notas. Pero en fin, su objetivo principal de lograr sonsacarle para poder robarle su pureza, ha quedado totalmente aniquilado a su tiempo límite haber acabado.     —¿Eh? ¿Lento yo?—el azabache de rostro aniñado rasca la parte trasera de su nuca sin comprender a lo que se refiere. «¿Lento? Pero yo... ¿A-Acaso no fui más rápido que los demás al terminar los trabajos impuestos?» se pregunta—. ¿Qué dices, Hana? No es verdad, ¿Cuándo lo he sido?     «Siempre»     Hana suspira más profundamente, implorando a todos los seres inmortales que le den un poco de sabiduría para poder comprender a esta criatura delante de sus ojos.  De todas estas semanas que ha podido acercarse más a Jungguk, ha podido aprender dos cosas importantes sobre él; Una) La pureza no se ha perdido totalmente del mundo. Dos) No se debe apostar dinero en vano. Ahora mismo tiene una deuda grande, al haber perdido la puesta de «Quitarle la virginidad al nerd» A la cual fue incitada aceptar por sus amigas.     Y es que Jeong Jungguk es tan encantador como estudioso; comenzando por aquel natural cabello azabache que siempre mantiene bien peinado a los lados de su rostro, y que desde su posición deja un olor a manzanilla. Al ocupar aquel peinado, mantiene despejado sus rasgos un poco aniñados que ya están siendo salpicados por la madurez. Nariz levemente redondeada, hermosos ojos en un todo oscuro casi líquido, labios delgados con philtrum pronunciado que dan una forma picuda a sus delgados labios rosas. Sus pómulos no son altos o acentuados, al contrario, siguen manteniendo esa forma suave que a veces da la impresión de poseer un rostro con mejillas sobresalientes. Pese a ello, su mandíbula se ha visto perfilada con el paso de los meses, dejando en evidencia el desarrollo que a sus diecisiete años ya posee.        Realmente es un muchacho guapo, con las características físicas idóneas para alabar y desear.     —Olvídalo—ella toma su mochila que descansa en la silla que anteriormente ocupaba, para colocarla seguidamente encima de su hombro derecho—. Gracias por tu tiempo, sé que no soy muy buena en esta materia.     Agradece con una sonrisa dulce, que esta vez no posee ningún tipo de doble sentido, notando con el rabillo de su ojo que una persona interesante espera fuera del lugar como normalmente hace cada vez que estudian después de clase.     «Esta sí que es una interesante persona.»     —Esperan por ti, presidente—menciona, sin dejar de mirar al chico tan malditamente sexy, que siempre se la pasa en los ratos libres con su compañero de clase—. Ve ahora mismo o el Sr. orgasmo se va a enfadar por hacerlo esperar...     Ante eso, Jungguk lleva su atención hacia donde la rubia está observando, no pudiendo evitar sonreír al mismo instante que distingue a su mejor amigo esperándolo con aquella expresión aburrida. Pero antes de ponerse en marcha hacia él, ladea su cabeza con el ceño fruncido al su mente repetir las palabras que Hana ha dicho, sin lograr concebir del todo a qué se refiere con eso de «Sr. Orgasmo»     Pese a ser indiferente en algunas cosas, conoce de forma teórica el sexo, debido a que obligatoriamente tiene que asistir a clases de educación s****l. Sin embargo, no encuentra sentido al apodo con el cual fue bautizado su amigo, no siendo esta la primera vez que lo llaman de ese modo en su presencia.     Ante tal intriga, se va aventurar a preguntarle a su compañera el motivo exacto de aquello, cuando un «Jungguk no tengo todo el día.» Viene de parte del rubio con la irritabilidad que posee al concluir las clases de cada día. Responde con una débil afirmación, terminando de guardar los pocos libros que aún están sobre su puesto para finalmente montar su bolso en ambos hombros como es la forma correcta de hacer; siempre ha dicho que la mala utilización del morral puede acarrear un problema en la postura de la persona, más nadie parece importarle quedar chueco de por vida.     —Práctica las ecuaciones que te enseñé para que no se te olvide el procedimiento que debes seguir. Nos vemos, Hana—de leve movimiento de mano se despide de ella, acortando la distancia hacia la persona que espera por él a pocos metros.     —Claro. Igual piénsalo, ¡Te puedo ayudar con algunas clases de educación s****l!—intenta por última vez, una vez el azabachito ha cruzado la puerta del salón hacia el pasillo.     Suspira.     Jungguk a pesar aparentar ser tan pequeño, le agrada bastante. Es casi como el chico perfecto para tener como hermano. «Hermano.» Repite ella mentalmente. En serio quisiera tener un hermano como él y no como su molesto mellizo que se encarga de hacerle la vida muy miserable.     —Bueno, al menos me va bien en matemáticas y tengo salud. ¿Qué más puede desear un simple mortal?—se alienta.                                                                                         …       —¡Hyung!—exclama el menor en un tono feliz, una vez llega a su lado—. ¿Cómo le va en el día de hoy?—saluda cortés, regalándole una sonrisa tierna, que deja en evidencia sus dientes blancos—. ¿Esperó mucho por mí? Lo siento, estaba terminando la clase con Hana.     NaeHyung que en ese momento permanece recostado de la pared con los brazos cruzados, no puede dejar de mirarlo con una mueca burlona por lo que ha tenido que presenciar. Definitivamente, aquella compañera de Jungguk no posee pudor. Él tampoco, pero al menos nunca lo van a descubrir viendo la carne del menor con tanta hambre.     Aunque no la puede culpar del todo, Jungguk es un buen prospecto.     —Na, solo unos minutos—corta—. Oye, ¿Qué fue aquello?—indaga en seguida sin poder aguantarse las ganas de saber sobre la nula vida social que su pequeño posee.     Jungguk que no entiende a qué se refiere exactamente con «Aquello» Ya que dicha palabra es un pronombre demostrativo que puede referirse a cualquier cosa, solo le otorga una mueca que deja en evidencia que su pregunta no fue clara.     —La propuesta. Eso fue bastante directo, eh—comenta juguetón, codeando el costado del azabache.     —¿Propuesta?—repite—. ¿De qué habla exactamente, Hyung?.     Jungguk realmente no capta por qué ahora todos a su alrededor dicen cosas que para él no tienen sentido. Porque si, Jeong Jungguk a sus diecisiete años, casi dieciocho, sigue siendo la persona más inocente y despistada a lo que chicas y sexo se refiere, siendo este un caso bastante increíble para lo libertino de su alrededor.     Kim NaeHyung, por ejemplo.     —¿Eres tonto o te haces?—cuestiona Kim con total sinceridad, con una ceja elevada a su dirección. Ambos comienzan a caminar tranquilos con dirección a la salida—. ¿En serio no entendiste? Vamos, ya habíamos tenido una charla sobre esto.     El rubio aún no puede creer cómo es que ese lindo, y hasta sexy azabachito, no entiende las indirectas tan directas que siempre le viven lanzando. Y es que Jungguk se ha convertido en el blanco perfecto para las apuestas que últimamente los malolientes sin oficio hacen. Eso definitivamente no le gusta, es desagradable que gente cualquiera apueste dinero para lograr llevarlo a la cama.     Cuánto quisiera poder abofetearlos.     —H-Hyung—los labios delgados del menor forman un puchero inconsciente por el tono cansado que denota el mayor—. ¿D-Debí haberlo hecho?     —Debiste—afirma—. Básicamente ella te pidió a gritos que le metieras tu Ggukie en su Hanita, ¿Lo captas ahora?—pregunta lleno de desconfianza, sabiendo muy en el fondo que no lo entendería.     Aun así, continúa guardando un poco de esperanza a que esta vez sea diferente a las demás explicaciones que le ha dado a lo largo de su amistad.     Pero para Jeong Jungguk, el chico nerd y demasiado nulo para los ojos de las personas que forman parte del mundo, él solo es un chico normal, corriente y muy, pero muy, desapercibido. Sin embargo, todos, sin casi ninguna excepción, desean el cuerpo virginal que ese chico no termina de darse cuenta que posee al estar siempre perdido en las páginas de infinitos libros. No yendo muy lejos en busca de un ejemplo, NaeHyung ha estado muy al tanto de los rotundos cambios físicos que ha estado experimentando en los últimos meses, solo pudiendo responder ante esto con un ''Uf...'' Inconsciente cuando lo observa más de lo amigablemente permitido.     Eso no lo hace sentir orgullo en lo absoluto.     —¿Ggukie? ¿Hanita?—ladea su cabeza de forma tierna mientras forma un pucherito. El mayor casi se golpea la frente por eso.     —¡Tu pene, Jungguk! ¡Tu pene, en su v****a!—exclama en voz alta, llamando la atención de varios profesores que solo los voltean a ver con extrañeza y desaprobación.     A pesar de que sean docentes, la sexualidad sigue siendo un tabú en esta sociedad que parece de alguna forma demasiado arcaica para el actual mundo. Debido a ello, NaeHyung mantiene su mirada castaña sin titubeo en un silencioso «No se metan en lo que no les importa y sigan su camino». Luego de gruñidos inconformes por ser descortés, vuelve a Jungguk.     —¿Sabes para qué sirve eso, no? Con eso se puedes lograr hacer lo que a las personas tanto le gusta practicar: tirar, coger, follar... Relaciones sexuales, ¿Recuerdas? Lo que viste en la porno que te enseñé la vez pasada—enfatiza.     —¡H-H-Hyung! ¡No recuerde eso! Q-Que cosa más b-bochornosa he tenido que vivir por su causa—se achica en su lugar y arregla sus lentes lleno de nerviosismo—. Eso fue desagradable. ¡Por favor no vuelva a mencionar ese tipo de situaciones!—súplica apenado.     ¡No lo puede creer! ¿Por qué a su Hyung le gusta rememorar los momentos más vergonzosos de su existencia? ¡Ah! Se siente tan tonto justo ahora que no puede mirar a NaeHyung por tener toda su cara sonrojada por el recuerdo cochino de aquel día.     —Ach... Ggukie, solo fue una pornito.     Quita importancia, ensanchando su sonrisa sin poder evitar algunas carcajadas que llegan de repente al analizar aquella memoria y distinguir con claridad que al menor casi le da un ataque al darse cuenta que la película era una porno y no Dumbo como le dijo que sería.     —¡R-Recuerdo que ni quiera había comenzado la mamada y ya estabas lloriqueando sobre Dios, los pecados y el haberte engañado!—ríe con todas sus fuerzas casi doblándose por la mitad por la intensidad de las carcajadas—. Y entonces tú...—risas—. Ah... No p-puedo respirar—susurra casi sobre el suelo.     —¡Y-Yo...!—se calla completamente ofendido, cruzando sus brazos por sobre el pecho.     Está cansado de que su Hyung siempre se burle de él por esas cosas que para su persona no mantienen ningún tipo de importancia, por ende, no ameritan ni siquiera un segundo de su atención. Vuelve a posar sus ojos negros en NaeHyung, siguiendo con atención su escandalosa risa que brota e inunda el abierto lugar.     Sin saber el motivo, su corazón comienza a latir con mayor fuerza.     La verdad es que su Hyung puede llegar a ser bastante molesto la gran mayoría de veces, pero por alguna razón indescifrable, para sus atolondrados pensamientos el verlo siendo feliz, sin importar que el motivo de su risa sea su existencia, lo puede hacer sentir completamente satisfecho. -Hany  
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