Los labios de Damián estaban presionados contra los míos en un beso posesivo que quemaba mi alma misma. Quería odiarlo; quería ser una mejor persona que supiera que esto estaba mal y huyera. Pero no lo era. Sabía lo que había estado haciendo cuando Damián entró. Sabía cómo me sentía y cómo deseaba a este hombre de una manera que nunca había experimentado. Aun así, una parte condicionada de mí luchaba contra el deseo abrumador, gritando en mi cabeza sobre lo inapropiado de todo esto. ¿Qué pensarían tus padres? ¿Qué pensaría cualquiera de que te entregues a este hombre? Me debatí contra él, haciendo que el agua se agitara. Sabía que estaba disolviendo lo que quedaba de las burbujas, y más de mi cabello se soltó del moño desordenado en el que lo había puesto. Los dedos de Damián también s

