Tiffany estaba completamente dormida. Probablemente haría falta algo equivalente a una bomba para despertarla. Normalmente, en este punto de la historia, ya me habría ido. Lo hice con todas las demás mujeres que traje aquí, usando ese truco estúpido de la venda para que no pudieran encontrar el camino de regreso. Pero solo la estaba mirando. Acurrucada de lado ahora, aun deliciosamente desnuda, Tiffany solo estaba cubierta en la cintura por la delgada manta que usaba. No me molesté con una sábana —porque, ¿para qué demonios necesitaba más tela que me hiciera sudar? — y ella estaba acurrucada contra mi almohada, su respiración uniforme y profunda. Acaricié su largo cabello lejos de su espalda, recorriendo con los ojos su piel ligeramente bronceada. Era pequeña comparada conmigo, delgada

