Al día siguiente de regresar del viaje de vuelta a Granada, Maryam se levantó, se baño con aceites de flores y se vistió con un vestido típico del Reino, que iba a conjunto con unos zapatos bajos, a juego.
Cuando se estaba peinando frente a su tocador, su abuela entro en la habitación para despertarla. Fátima, al verla despierta, observándola atreves del espejo, se asusto.
-¡Maryam! ¡Que susto!- se sujeto el pecho, intentando calmar su respiración. - Normalmente soy yo la que te despierta y, no te esperaba ahí sentada. - le comentó la anciana, que seguía algo exaltada.
-Perdón abuela, me he levantado pronto. - se disculpo la chica, preocupada por su abuela.
-Tranquila cielo. - le calmó la señora. Fátima se acercó a Maryam y comenzó a peinarla, suavemente, como lo hacia cuando la chica era una pequeña niña.
Cuando acabó de peinarla, la acarició el pelo con cariño.
-Maryam, hoy necesito que me acompañes cuando acabes la reunión con el sultán y el príncipe. - le comentó Fátima. -¡Bast ya esta aquí!-
-Vale abuela.- acató la orden la joven, sin reaccionar a lo que su abuela le había dicho al final. Cuando se dio cuenta, la joven comenzó a hacer un baile raro por la alegría que tenía, debido a que su yegua estaba con ella. Fátima, se echo a reír por la celebración de su nieta.
Juntas, unieron sus brazos y caminaron hacia el comedor para desayunar, donde la familia real felicitaban a Maryam por el acuerdo al que llego con la Reina Católica.
La joven chica, mientras desayunaba, se dio cuenta de que la Esposa del Sultán no estaba en el comedor. Tras desayunar, le preguntó disimuladamente a su abuela.
-La Esposa del Sultán está muy enferma, no saben si va a sobrevivir.- le comentó Fátima, susurrándole muy cerca, mientras dejaba un suave beso en su mejilla.
No se habían levantado de la mesa, cuando se escucharon pasos corriendo por el pasillo.
Todos los presentes, salieron al pasillo y vieron a la madre de Zain, acercarse rápidamente a un grupo de guardias que se encontraban junto a unos pocos sirvientes. La señora, tras hablar con ellos, comenzó a llorar en el pasillo.
-Majestad, ¿Qué ha ocurrido?- le pregunto Maryam, intentando tranquilizarla.
-Ha muerto, Maryam, ha fallecido. - le comentó la exmandataria, en estado de shock.
Escucharon como venía bastante gente por el pasillo, trasladando el cuerpo hacia otro edificio, el hospital.
Fátima, al ver que traían el cuerpo tapado con una sabana y, que iban a pasar frente a ellos, atrajo a Maryam hacia su cuerpo, ocultando su cabeza en su pecho, para que no viera la situación.
Detrás del grupo de gente, iban el Sultán y Zain, quien al ver a su madre llorar, se acercó a ella y la abrazo. Después, se dirigió hacia Fátima y acarició el cabello de Maryam, dejando un tierno beso en la zona.
El Sultán estaba muy afectado, se le notaba en los ojos. Aunque, su aspecto intentaba aparentar serenidad.
-Lo siento mucho, Majestad. - le comentaron ambas mujeres, tanto la abuela como la nieta. A lo que el Sultán asintió, agradeciendo las condolencias por su perdida.
El hombre, junto a sus padres, fueron con el doctor, quien había llegado al pasillo donde se encontraban, y les empezó a explicar . Mientras que, Zain se quedaba con Maryam y sus abuelos.
Tras la explicación, el Sultán se acercó a su hermano a paso decaído.
-Zain, te quedas al mando del reino mientras arreglo la situación familiar de mi esposa y me recupero del duro golpe. - le ordeno su majestad al príncipe, quien acepto el cargo, dándole apoyo a su hermano mayor.
Maryam, miró a sus abuelos, ya que no sabía cuales iban a ser sus funciones ahora, ya que tenía que apoyar a Zain en su reinado momentáneo y preparar los viajes al extranjero para solicitar la alianza para salvar a su pueblo.
-¿Qué vamos a hacer ahora?- le preguntó la chica a su pareja, mientras caminaban hacia el despacho. - Espera, necesito coger un cuaderno y una agenda, para organizar todas las nuevas funciones que tenemos.- le comentó, cambiando de dirección a la que se dirigían.
Una vez en la habitación, Maryam recogió la mochila que había llevado al viaje y revisó si llevaba todo. Cuando acabó, se dirigieron al despacho de nuevo.
- Por cierto, cuando acabemos de organizarnos y veamos todo lo que tenemos que hacer, ¿Podemos ir al establo?- le pidió la chica a su novio. - Mi abuela me ha comentado que han traído a mi yegua.-
-Claro, además, con el estrés que vamos a tener, necesitaremos salir.- le comentó él, abrazándola.
-Bueno, empecemos, que ¡Hay mucho por hacer!.- le dijo ella, entrando al despacho y sentándose frente el escritorio, para revisar los documentos que había sobre la mesa, intentando buscar la manera para comenzar de forma optima.
Decidieron que viajarían por el norte de África, una vez que los Reyes Católicos regresaran a su Reino, tras visitar el Reino de Granada.
Tras horas trabajando, fueron al comedor, donde no había nadie de la familia, por lo que pidieron que la comida que sobrará, se guardará para la cena, por si la familia regresaba a comer y descansar.
Mientras ambos comían, recibieron al cartero real, quien les entrego una carta. Era de la Reina Isabel la Católica, quien anunciaba que viajaría en los siguientes días al Reino de Granada. Los ahora sultanes, reunieron a un grupo de sirvientes y les solicitaron que se prepararan varias habitaciones para las visitas.
Zain, estaba encantado de ver trabajar a su pareja, observando lo bien que se desenvolvía en su nueva circunstancia. Y, estaba agradecido de tenerla a su lado y que le ayudara tanto.
-¿Que pasa?- le preguntó Maryam sonriéndole, una vez que estuvieron nuevamente en el despacho.
-Nada, que me sorprendes cada día más. - le comentó el príncipe, haciendo que la chica se sonrojara.
-¿Por qué? - le preguntó de nuevo ella, completamente roja.
-No lo se, eres increíble. - la sonrió él, abrazándola, apegándola bastante hacia él.
Estuvieron un tiempo dándose mimos.
-Hemos conseguido organizar todas las reuniones que tenemos debido a la nueva situación. Creo que deberíamos hacer audiencias, para saber de primera mano lo que se necesita nuestro pueblo e ir arreglando los problemas más importantes y mejorar nuestra sociedad. - le explicó Maryam, todavía entre los brazos de Zain.
-Me encanta la idea, así el pueblo vería que les tenemos en cuenta y estarían más contentos con nosotros.- le comentó el príncipe. - ¿Deberíamos reunirnos con el consejo?-
-Yo creo que sí, lo vamos a necesitar. Así, les comentamos las nuevas reformas que queremos llevar a cabo. - le explicó la chica y, Zain mando llamar a alguien que avisara al Consejo de la necesidad de una reunión para aclarar como iban a proceder en ese momento tan complicado que estaban viviendo.
Al terminar el trabajo, caminaron juntos al establo, para mirar como estaban sus caballos y dar una vuelta por los alrededores, antes de ir a cenar.
Llegaron y vieron a ambos caballos, en cuadras continuas, que se intentaban dar mimos entre ellos, a través de las rejas, que separaban las paredes altas de las cuadras.
Sus dueños se miraron y sonrieron, ante la tierna situación.
-Creo que la familia se va a agrandar.- le comentó Zain a Maryam, haciendo una mueca muy graciosa, a lo que ella se río.
Ambos, se metieron en las cuadras, cada uno de su caballo, y, les prepararon para salir a dar un paseo por los terrenos del palacio.
-Hola mi amor, ¡ Te he echado tanto de menos!- le dijo Maryam a Bast, acariciándole la zona del morro.