—Anely… Me volteé de golpe hacia la camilla donde yacía Antoine. Mi corazón latió a toda prisa al verlo con los ojos abiertos. Caminé lo más rápido que pude hasta situarme a su lado. Sentí unas ganas inmensas de llorar. —Lo siento mucho, Antoine —balbuceé—. Yo no lo sabía… —Shhh… —él levantó su mano y trató de tocarme los labios para callarme, pero me percaté que ameritaba un gran esfuerzo de su parte. —No te muevas. Debes permanecer quieto y no esforzarte. Yo… —hice un esfuerzo sobrehumano por no llorar, pero no pude. —No llores, ma petite reine —musitó él—. Nunca fui merecedor de tus lágrimas. —No digas eso, Ant… —Lo siento mucho, por todo el daño que te hice —él me interrumpió, mascullando las palabras entre quejidos. —No hables más acerca de eso —le dije, sujetando una de sus

