Mis manos estaban frías y sudaban. Estaba muy ansiosa por saber cómo estaba Antoine. A mi izquierda, Gabrielle, a mi derecha, la señora Ivette, y frente a mí, entregándome un vaso con café, mi madre. Las tres se negaron a dejarme sola, luego de insistirles que se fueran a descansar. Era casi medianoche y éramos un cuarteto de mujeres vestidas de gala, en la sala de espera de un hospital. Me puse de pie y me encaminé hacia la puerta que daba al exterior. Necesitaba un poco de aire, de lo contrario me iba a desmayar. Gabrielle hizo amague de levantarse de su asiento para acompañarme, pero le dije que no lo hiciera. Quería estar un momento a solas y pensar. Respiré profundo en cuanto estuve afuera, llenando mis pulmones con todo el aire posible. Al botar el aire, también boté un poco de m

