Abrí mis ojos y vi que la habitación estaba oscura, a excepción de la tenue luz que logré divisar por la abertura de la puerta. Con toda la dificultad del mundo, intenté ponerme de pie. Al principio, mis piernas no quisieron cooperar, pero insistí hasta ponerme de pie. Sentía una punzada en mi vejiga, y a pesar de recordar que tenía un pañal para adultos, sentí la necesidad de ir al baño. ¡Necesitaba salir de la cama! Mis piernas temblaron un poco cuando di el primer paso y con mis dos manos me sujeté de la pared, percatándome como cada uno de mis músculos se contraía y me dolían con cada paso que daba. No tenía idea de cuánto tiempo estuve acostada, pero debían ser varios días, porque sentía mi cuerpo muy entumecido. Salí del cuarto, arrastrando mis pasos y caminé hasta el baño, per

