Noviembre de 2001 Faltando una semana para que Antoine y yo cumpliéramos ocho meses juntos, me di cuenta que no todo puede ser perfecto, no todo puede ser color rosa, y que los romances idílicos solo existen en las películas de Hollywood. No sé si eran ideas mías, pero Antoine se estuvo comportando muy extraño durante las últimas semanas. Ya no nos besamos con la misma frecuencia con la que lo hacíamos. Recuerdo que muchas veces compartimos besos muy apasionados (debido a las hormonas típicas de la adolescencia) en las escaleras de mi edificio o del suyo. Sin embargo, eso ya no parecía ser de su agrado. Él se irritaba con mucha facilidad y siempre buscaba una excusa para irse muy temprano de mi casa, aunque solo llevara un par de minutos de haber llegado. Cuando yo iba a su casa, él pare

