Desayunamos entre risas. La tensión entre ambos se esfumó por completo. No podíamos dejar de vernos y reír con nerviosismo. Por momentos Antoine sujetaba una de mis manos y me hacía un cumplido que iba desde: que linda sonrisa tienes hasta esa chaqueta te queda genial. Así era él, muy observador y esa era una de las cosas que me encantaban de él. Esa tarde fuimos a la iglesia y no parábamos de hacernos bromas y reír a carcajadas por cualquier cosa. Algunos nos miraban como si nos hubiésemos vuelto locos, pero Bianca sabía a la perfección lo que sucedía y fue la primera en felicitarnos. George se sorprendió mucho, no entendía nada. —¿Felicidades? ¿Quién está cumpliendo años? —indagó. —Ninguno —le indicó mi hermanastra—. Es solo que esta mañana, ambos decidieron estar juntos. —¿Juntos?

