Ellos decían que yo era una amargada que prefería tener la cabeza enterrada entre libros, o que mis temas de conversación eran aburridos. ¿Acaso hablar del calentamiento global o la sobre-población humana no era interesante para un puñado de adolescentes? A mi parecer, todos ellos, Oswald, Owen, Michael, Joey, Charles, Neil y Bianca, eran los aburridos, por hablar solo de banalidades sin sentido. A mí no me importaba saber cuántas veces resucitó Goku a la humanidad con las esferas del dragón. Lo cierto es que mientras los chicos hablaban acerca de lo que harían ese fin de semana en casa de Michael, mientras sus padres salían de viaje, yo solo pensaba en una cosa, o mejor dicho en una sola persona: Antoine. Eran las ocho de la noche y a pesar de que me prometió llamarme cada cinco segund

