29 de julio de 2016 Fijé la mirada sobre las puertas blancas de mi armario. ¡Dios! Esa habitación guardaba tantos recuerdos de mis años de universidad. Recuerdos buenos y malos, pero gracias al cielo, ninguno de Antoine. Bueno, solo uno. Mi padre compró esa casa un año después de mi crisis “depresiva”, con el objetivo de estar más cerca de su lugar de trabajo y porque mi psicóloga recomendó que cambiara de ambiente, pues eso me ayudaría mucho. Era una linda quinta de estilo victoriano, lo suficientemente espaciosa para que cada uno tuviera su propia habitación. Me levanté de la cama y caminé hacia mi armario. El único recuerdo que conservaba de Antoine estaba dentro de una caja de cartón en lo más profundo de mi clóset. Me llené de valor para hacerle frente a los fantasmas de mi pasado

