Me recosté en el espaldar de la silla y solté todo el aire de golpe. Acababa de hablar por teléfono con Gabrielle. Le conté lo que pasó y me dijo que llamaría a Cedric para avisarle que su primo fue ingresado de emergencia. Miré el reloj en mi muñeca, una vez más. Solo habían transcurrido veinte minutos desde que los paramédicos desaparecieron con Antoine tras esas puertas que yo miraba con ansiedad, mientras esperaba que alguien saliera por allí y me diera alguna noticia de él. Di un respingo al sentir la vibración de mi móvil. Miré la pantalla y me vi tentada a finalizar la llamada sin contestarla, pero luego de considerarlo unos segundos, respondí. —Hola, cariño —era mi madre—. ¿Cómo estás? —Hola, mami. Estoy bien. ¿Tú cómo estás? —Súper bien —exclamó—. Ayer me quedé esperando tu ll

