Capítulo 12 — La Revelación y la Calma Antes del Torbellino Narrador: Mickaela se quedó inmóvil, la mano en el pomo de la puerta, mientras trataba de calmar el torbellino de emociones que se arremolinaba en su pecho. Finalmente, giró la llave y abrió con fuerza. Kael estaba allí, apoyado contra el marco, su figura bañada por la luz tenue de la tarde. Llevaba una chaqueta de cuero que acentuaba su actitud despreocupada, pero sus ojos traicionaban algo más: una intensidad que la hizo estremecer. —¿Qué haces aquí? —preguntó ella, cruzándose de brazos para protegerse de lo que sabía que vendría. Kael alzó una ceja y sonrió con ironía. —Lo sabes bien, Mickaela. No puedo quedarme lejos, aunque me esfuerce. Eres como un pu*to imán, aunque trate de alejarme, tu me jalas hacia ti. Y te juro qu

