Capítulo 8 —Una Tormenta Silenciosa RECUERDOS Narrador: Mickaela despertó temprano al día siguiente con una resaca emocional que dolía más que cualquier bebida. La habitación estaba tranquila, y la luz del amanecer se colaba por la ventana, demasiado brillante para su gusto. La sensación del cuerpo de Kael tan cerca la noche anterior seguía quemando su piel, como una herida que se negaba a sanar. Su compañera de cuarto, Sophie, la miró desde su escritorio con los brazos cruzados, claramente esperando una explicación. —¿Qué demonios pasó anoche? —preguntó con un tono entre curioso y crítico. Mickaela se llevó las manos a la cabeza, masajeándose las sienes, tratando de poner en orden sus pensamientos. Sabía que no tenía nada lógico que decir. ¿Cómo explicarle a Sophie que Kael era como

