VEINTICUATRO Isla de Mona, Puerto Rico 7 de septiembre de 2014 Por la mañana. El sol cortaba piedras preciosas en el agua azul cristalina que brillaba como un collar a nuestro alrededor. Bill hizo que Kate se abriera, y cortó el agua a veintiún nudos, lo que equivale aproximadamente a cuarenta kilómetros por hora, velocidad terrestre. Rápido y hermoso. Mi corazón se esforzó hacia Mona. Bill dijo que veríamos la isla mucho antes de llegar a ella. Estaba sentado en la cubierta de proa, solo, con mi sombrero atado bajo la barbilla y mi cuaderno azul agarrado en la mano derecha. Lo había puesto al día y pensaba revisarlo para prepararme para el día. Me recosté y metí el cuaderno bajo mi cuerpo. Lo leería pronto, pero ahora mismo necesitaba intentar dormir de nuevo. Olvidar que estaba fuer

