POV Jenn
El camino al departamento de Leonardo es tranquilo ya que ambos estamos en silencio. Aún no se lo que opina acerca de mi embarazo por que aunque sus labios me dijeron palabras bonitas en sus ojos vi otra cosa. Molestia y eso hace que sienta incomodidad, y miedo.
No soy la tonta Jenn que era antes de conocer a Toribio, se que si no anunciamos nuestro embarazo a los demás fue por que el bebé corría peligro de ser atrapado por la magia, y eso es algo que ninguno de los dos queríamos.
Me sobresalto cuando siento que el carro se ha detenido, abro los ojos y veo la farmacia, entonces recuerdo que debo recoger la vitaminas que me recetó mi doctora.
Ahora más que nunca debo de cuidarme para que mi bebé esté muy fuerte. Después de pasar por este susto siento que el que ambos estemos bien, es una segunda oportunidad, una oportunidad para hacer las cosas bien.
Ya no falta mucho para que se note mi pancita y eso me da mucha ilusión. Quiero atesorar cada momento de este embarazo. Tal y como lo hizo Toribio desde el primer momento que nos enteramos que seríamos padres.
Pensar en él trae una gran tristeza a mi corazón, por eso amaré a este pedacito que nos unirá toda la vida porque aunque él no esté en persona, su amor se mantendrá vivo en mi para siempre.
¿Cómo podré criar a mi bebé sin él? No lo sé. Toribio, Toribio… ¿Por qué tuviste que morir? Me pregunto a cada momento. Prometiste protegerme siempre, pero ahora ya no estás a mi lado. Desde donde estés, porque aunque haya sido un mafioso Toribio ha sido un ángel en mi vida, así que no me queda claro en dónde estará. ¡Cuidanos! Dios ya me arrebataste un bebé no me quites a este ¡Por favor!
…
Llegamos al departamento y subo rápidamente a la habitación que estoy ocupando, Leonardo no dice nada, ni siquiera se donde estarán sus pensamientos, pero agradezco su silencio porque definitivamente no quiero hablar
Cierro la puerta, quiero cambiarme y descansar un poco. No quiero tener a Leonardo haciéndome preguntas incómodas. Busco entre la poca ropa que tengo algo adecuado para ponerme porque ahora ya no puedo andar desnuda cómo lo hacía dentro de la casa con Toribio.
Toribio, Toribio, cómo podré olvidarte si a cada paso que doy estás presente?
Entre mis cosas encuentro un libro ¿Qué es esto? Me pregunto… “Perfectamente imperfecto”.
Busco en internet, es un libro de Madia y dark romance… Este… este puede ser… Busco en mis bolsillos la nota que estaba en las flores pero no la encuentro.
Empiezo a revisar el libro y en la última página encuentro un número de teléfono. No puedo explicar lo que siento dentro de mi. ¿Debo preocuparme? No lo sé, pero no hay dudas de que alguien entró a este departamento, porque este libro no lo había visto jamás, quizá alguien nos está mirando ahora mismo.
Recorro la habitación buscando cámaras, micrófonos o algo pero no encuentro nada. Me quedó mirando el número de teléfono, aún no me decido a llamar.
Sigue tu intuición… si eso haré.
No timbra demasiado cuando alguien contesta.
— Buenos días florería “Tiburones blancos” En qué puedo ayudarle? — preguntó una mujer al otro lado del teléfono.
Tiburones Blancos, Toribio… esto no es una coincidencia… trato de tranquilizar mi corazón que late acelerado. ¿Podría ser? No no puede ser, yo lo vi caer, yo vi la sangre saliendo de su cuerpo antes de que ese policía me llevara, estuve en su funeral!
— Quería preguntar sobre un arreglo que recibí esta mañana, una corona de lirios blancos — pregunté y se escuchó un silencio del otro lado. La ansiedad me ganaba, no podía esperar a su respuesta — Señora?
— Lo siento estaba buscando la orden. Si, ya lo recuerdo. No llegó el delivery?
— Si llegó quiero saber quién lo envía — pregunté
— Toribio Méndez — respondió y sentí mi cuerpo temblar. ¿Toribio está vivo? ¡No puede ser! Estoy por preguntarle sobre el hombre que envió las flores pero todo se volvió n***o.
POV Toribio
3 años antes
Estiro mi brazo para atraer a la hermosa mujer con la que pasé la mejor noche de mi vida pero aunque busco y busco no la encuentro en la cama.
Abro los ojos escaneando la habitación y no la veo. Me levanto sobresaltado, un poco fastidiado de que las cosas no salgan cómo quiero y empiezo a caminar desnudo por la habitación.
“seguramente está en el baño” pienso pero no escucho nada.
Vacilo un poco entre mostrarme frente a ella con la polla colgando o ponerme ropa interior, pero ¿Qué más da? Si ayer hizo lo que quiso conmigo, recibió mis fuertes embestidas como una campeona, nunca el sexo fue tan placentero.
¡Carajo! Es que de solo acordarme mi polla palpita, soy un hombre difícil de complacer pero anoche no fui yo a quien ella complacía, si no así misma con esos movimientos ondulantes que me hacían perder la poca cordura que me queda.
¡Maldición! Recordar cómo montó mi polla me excita, envía una corriente hacia mis bolas, estuvo… ¡Exquisita! con su cabello largo y pelirrojo cubriendo sus pechos, parecía una sirena, mi sirenita.
No aguanto maldita sea… quiero repetir. Lo cual es inusual en mí, excepto con las putas que elijo para que sean mis sumisas pero con mi sirenita es diferente, ella folla cómo puta pero no es una mujer fácil.
Ayer se veía hermosa en la boda, pero no le preste atencion porque habian mujeres más exuberantes, esas son las que me gustan, además dicen que quien se acuesta con niños amanece mojado y ella parecía una jovencita, pero después de estar con ella me queda claro que no es una niña.
Abro la puerta del baño y no está, lo cual me hace sentir aún más frustrado.
¡Joder! ¿Dónde se metió?
Mi polla ya no está tranquila, así que la empiezo a acariciar un poco para que aguante hasta encontrarla, muero por estar nuevamente en su interior apretado y jugoso.
Abro la puerta de la habitación y veo que mi seguridad no está. ¿Dónde se metieron? No puedo andar desnudo por el hotel así que vuelvo a la habitación y busco mi ropa.
Llamo a Dorante y contesta inmediatamente.
— Señor — responde mi perro fiel.
Dorante es mi mano derecha, ojos y oídos cuando estoy ocupado. Nos conocemos hace 25 años, y ambos hemos subido juntos en este negocio.
—Dorante ¿Dónde carajos están? — pregunte enojado, aunque a Dorante no le hablo de esta manera me siento un poco desesperado.
— Rodeando el edificio, usted no salió y pidió que no lo molestemos cuando se fue con la pelirroja y eso hicimos señor — responde firmemente pero con respeto, eso es lo que me gusta de él. Que a pesar que soy un hijo de puta, y su maldito jefe, él no se intimida ante nadie.
— No está mal, como sea, necesito que la busques a la mujer estaba conmigo anoche y la traigas ante mi — exigí
— Como ordené señor — dijo terminando la llamada.
Dorante es eficaz, así que no tardará en conseguirla. Ahora solo me queda esperar a que traigan a mi sirenita, cuando la tenga en mi poder no la voy a soltar hasta saciarme de ella, hasta tener todo lo que su hermoso cuerpo pueda darme y luego quizá la dejaré ser feliz con cualquier hijo de puta. .
POV Jenn
Salgo corriendo del hotel, no puedo quedarme mucho tiempo. Ni siquiera sé cómo llegué a esa habitación, con ese hombre. ¿Abusó de mí? No lo sé pero hasta el momento he tenido solo pequeños flashback en los cuales no se me ve nada enojada.
Las lágrimas caen de mis ojos, Cecil me advirtió que no debía venir pero pensé que las terapias con Leonardo me habían ayudado, pero no es así, aun estoy enamorada de él, pero ahora no hay nada que pueda hacer, ya está casado con mi mejor amiga.
¡Debo alejarme! Sí, eso es lo que debo hacer. Mi familia tiene hospitales en varios lugares del país, puedo irme lejos. Mientras corro lejos del hotel, me golpeo contra Leonardo y caigo al piso.
— Jenn ¿Estas bien? — pregunta y asiento con la cabeza mientras él me ayuda a levantarme del suelo. ¿A dónde se fué ayer? De un momento a otro desapareció.
— Debo irme — respondí — ¿puedes llevarme a mi casa? — pregunté
— Si, claro que sí — sonrió suavemente y acomodó mi cabello detrás de mi oreja — No pasaste una buena noche — dijo mirando mi rostro muy de cerca.
— ¿Qué haces? — pregunté retrocediendo un paso.
— Solo quería darte un beso, me lo debes después de que ayer me robaste uno — respondió abriendo la puerta del auto y me deslice en el asiento.
— No lo recuerdo… Estaba muy borracha — respondí titubeando, dudo de sus palabras, ¿yo lo bese? No me sorprende. Si hasta me acosté con un desconocido por despecho.
— Entonces no recuerdas que me pediste ser novios — pregunta y niego con la cabeza — no hay problema Jenn, yo sabré esperarte — acarició los nudillos de mi mano y tuve un pequeño flashback donde efectivamente yo lo besaba.
— ¿Por qué me dejaste sola? — pregunté confundida.
— Tuve una pequeña emergencia, pero todo está solucionado. ¿Te llevo a casa? — preguntó y asentí con la cabeza.
Mientras manejaba cerré los ojos, recordando ciertas cosas que pasaron ayer. ¿Qué hice anoche? Todo es un completo desastre, solo espero no haber arruinado la boda de mi mejor amiga.
Al llegar a casa, Leonardo me acompaña a la puerta, estoy por entrar pero retrocedo para darle las gracias. Mis ojos conectan con los de él un momento y pienso que quizá tener un novio me ayude superar a ese amor no correspondido. Si debo empezar a olvidarme del esposo de mi mejor amiga.
— Sí quiero, aún quiero que seas mi novio — digo sorprendiendolo y veo como en su rostro se forma una gran sonrisa. Toma mi rostro para juntar sus labios con los míos.
El beso es apasionado, pero no siento nada, no es como los besos que me dió ese hombre desconocido con el que pasé la noche.