Minutos antes Jenn intentó correr con el niño en sus brazos pero el primer disparo rompió el silencio como un rayo. Jenn gritó, pero no fue suficiente para detener a Julio César. Él se abalanzó sobre ella con una violencia despiadada. El puño le golpeó el rostro, luego el brazo, la pierna. Jenn intentó cubrirse, protegerse, a ella y él bebé pero su cuerpo estaba débil. Sentía cada golpe como si le partiera los huesos. La sangre le sabía a metal en la boca. Cayó de lado, tratando de arrastrarse hacia la cama para proteger al bebé, pero él la sujetó del cabello y la empujó contra la pared. —¡Maldita perra! ¡Todo esto es tu culpa por zorra! —gruñó, y apretó el gatillo. Retrocedió apuntando a su pecho pero Jenn se movió rápidamente. ¡Bang! El disparo le perforó el brazo. Jenn gritó

