Toribio sentía cómo la calidez de Pamela lo envolvía mientras ella lo besaba y lo tocaba con suavidad. Cerró los ojos, dejando que sus pensamientos se desvanecieran por un momento, imaginando que era Jenn, su futura esposa, su sirenita, quien estaba a su lado, acariciándolo con pasión. Sintió rico cuando la sintió apretarse a su polla que iba creciendo considerablemente, pero de repente, un gemido de Pamela lo sacó de sus pensamientos, un sonido que lo despertó de su trance. Al abrir los ojos, se dio cuenta de que no estaba con Jenn. Era Pamela, no su mujer, quien lo estaba tocando. El aire en la habitación cambió de repente, y el peso de la culpa se instaló en su pecho. Se separó rápidamente de ella, su respiración acelerada y su rostro enrojecido por la vergüenza. No podía seguir en e

