Libby
Dejo escapar un pequeño gemido mientras me acomodaba en la silla de pedicura. A mi lado, ya situado en su asiento, con los pies burbujeando en un charco de agua tibia y una copa de champan en la mano, arquea una ceja. Corey.
—¿Demasiado yoga? — pregunta con una sonrisa cómplice.
Me recuesto y presiono la función de masaje en el respaldo de la silla, dejándola recorrer mis músculos mientras la mujer que me hace la pedicura llena la bañera con burbujas calientes. —Mas bien demasiado de mi marido—
Los ojos de Corey se iluminan. —¿Por fin te lo estas tirando? —
Las pedicuristas intercambian miradas de reojo y me muerdo el labio interior. Seguramente han oído chismes más raros trabajando aquí, en uno de los salones más elegantes de Manhattan. Los precios son tan altos que las bebidas ilimitadas son gratis. Solo eso parece que debe de venir con un cláusula de confidencialidad.
Aun así, me siento un poco cohibida mientras me muevo en la silla de masajes, tratando de relajarme. —No, Corey, no me estoy tirando a mi marido. Tirar es lo que George Lapras me hizo en el cuello uterino en el último año. Esto es…— Cierro los ojos con un gemido cuando la silla de masajes golpea un nudo particularmente apretado.
Me hace recordar la noche anterior. En realidad, todas las últimas dos semanas. Es como si desde que Emmett y yo finalmente rompimos el sello, no pudiéramos quitarnos las manos de encima. Hemos estado recorriendo las habitaciones de la casa, sin mencionar posiciones. Inclinada sobre la mesa de café, o yo sentada en la encimera de la cocina. Yo haciéndole sexo oral en el balcón de arriba, con vistas a Central Park mientras sale el sol. Probablemente le dimos a algún pervertido con binoculares un espectáculo mayor del que esperaba, pero que demonios. En cierto modo, le añadió más.
Pero anoche fue nuevo para mí. Anoche Emmett me vendo los ojos con su corbata y me sujeto las manos a ambos lados de su cama. Primero vino lo que supongo que era una pluma, de alguna manera tortuosa y emocionalmente al mismo tiempo, mientras la pasaba por mis extremidades desnudas, mi estómago desnudo, por la parte interna de mis muslos. Luego un cubito de hielo contra mi ombligo tan frío que jadeé, hasta que lo succionó y lo reemplazó con su lengua, que se sentía al rojo vivo en contraste. Luego se movió más y más abajo, hasta que tuvo toda su cara presionada entre mis muslos, y…
Corey chasquea los dedos frente a mi cara, devolviéndome a la realidad con un suspiro. —¿Así de bien? maldita sea, bien, Emmett— Corey se ríe entre dientes.
Gimo y le doy un manotazo en el brazo a Corey. —Cállate. El sexo matrimonial es una locura. No tenía ni idea—
—Estoy bastante seguro de que el sexo matrimonial es aburrido y repetitivo— responde Corey. —Matrimonio heterosexual, al menos, eso he oído—
Resoplo. —Hasta ahora, para nada. De hecho, tenemos una pequeña apuesta—
—Cuéntamelo—
—Le dije que repasaría todo su repertorio en tres semanas como máximo. Me apostó que puede pasar todo el año sin repetir—
Corey arquea las cejas. —¿Cómo posición física o…? —
—Toda la situación— Hago un gesto, pensando, pero sin hacer nada, cuerdas, juguetes, columpios. Emmett no me ha dicho si tiene un columpio s****l, pero después de ver algunos destellos de su lado pervertido, no me sorprendería. Además, si no lo tiene, podría recibirlo como un regalo de aniversario de seis meses.
—Aún así, no hay forma de que alguien pueda pasar un año entero sin repetir nada. Supongo que una vez que analicemos cada uno de sus movimientos, podré dejar de preguntarme. La curiosidad quedará saciada y podré volver a concentrarme en mi tesis.
Cierro los ojos y me hundo en la silla mientras mi pedicurista trabaja en mis pies. Cuando vuelvo a abrir los ojos, Corey me mira con extrañeza, con una expresión ilegible en su rostro normalmente abierto.
—¿Qué? — pregunto.
—¿De verdad crees que repetir una posición s****l te va a permitir concentrarte de repente en escribir una tesis en lugar de follar con tu increíblemente atractivo marido? —
—¿Tú no? — respondo. —Acabas de decir que el sexo en matrimonio es aburrido y repetitivo—
—Bueno, claramente estaba subestimando lo proactiva que estás siendo para evitar eso— sonríe Corey. —Tienes que admitir que toda esa apuesta tuya suena bastante sexy—
—Uf— me dejo caer en mi asiento con un gruñido. —No tienes remedio. Primero me regañas por no acostarme con mi marido y ahora quieres que siga haciendo… ¿No te importa mi éxito académico? —
—Se llama multitarea. Búscalo— Corey me da un golpe en el brazo.
Lo aparto, pero no puedo evitar reírme mientras lo hago.
—Hablando de académicos— cuando miro hacia atrás, los ojos de Corey se iluminan de nuevo con alguna nueva travesura. —Se que tienes todo reservado este año, entre los deberes de esposa y la escuela, pero ¿Qué tal un pequeño viaje después de la graduación? Sería bueno tener algo que esperar con ilusión…—
Post-graduación. El próximo verano. Apenas puedo pensar en la próxima semana, y mucho menos tan lejos por delante. Hay demasiadas cosas que necesito resolver entre entonces y ahora: terminar este semestre, terminar mi tesis con éxito el próximo semestre. De alguna manera, sobrevivir a toda esta situación matrimonial. Y, para esa fecha, me doy cuenta…
Se me tensa el estómago.
Para el próximo verano, todo el asunto del matrimonio habrá terminado. Seré una joven recién divorciada, adinerada y sin ninguna preocupación en el mundo. Sin Emmett tampoco.
Trago saliva con un nudo repentino e inesperado. Solo me siento así por todo el sexo apasionado. Y porque Emmett no es tan imbécil como había asumido. Pero eso es todo. Para esta época, la próxima primavera, estaremos hartos el uno del otro y estaré ansiosa por pasar a una nueva y emocionante aventura.
—Claro, supongo— respondo finalmente, dándome cuenta de que Corey todavía está esperando, aunque apenas proceso lo que estoy diciendo.
Suelta un grito de alegría. —Genial, porque encontré esta increíble oferta de Groupon. Vieje de diez días a Hawái, vuelos incluidos. Es válida para junio o julio del próximo año, así que supongo que cuando nos acerquemos a eso, podemos elegir fechas, vivir la soltería tropical y celebrar tu libertad de nuevo—
Me obligo a sonreír aún más. —Si. Libertad. Eso suena perfecto—
Miro a Corey a los ojos y le sostengo la mirada, negándome a dejar que él, o más importante aún, yo, tenga alguna duda sobre cómo me sentiré dentro de nueve meses. ¿Cómo ya han pasado ya tres meses? Se me revuelve el estómago. Ya ha pasado un cuarto del año.
—Reservémoslo hoy— insisto, porque Corey tiene razón. Tener algo que esperar será bueno. Un buen recordatorio para mantener los pies en tierra firme.