Libby
Emmett me está evitando, Es eso, o el trabajo esta convenientemente super ocupado justo después de nuestra pelea. ¿Mierda? ¿La cague? Ni siquiera sé que fue. No entiendo en que se ha convertido todo esto.
¿Por qué mi matrimonio falso de repente implica tanto dolor de corazón?
Durante los siguientes tres días, busco la respuesta en el fondo de varios botes de helado Ben & Jerry’s mientras estoy encerrada en la sala de cine de la casa. Pero ni siquiera mi película de cabecera habitual, 10 cosas que odio de ti, es suficiente para sacarme de este bajón. Mis tarjetas yacen esparcidas a mi alrededor como animales heridos. De vez en cuando trabajo a medias en los esquemas de mi tesis, pero esas pronto se unen a las fichas en el suelo mientras preparo otra comedia romántica.
Para cuando llego a las tragicomedias al estilo Nicholas Sparks, me siento simplemente patética.
¿Qué esperaba? Sabía que no debería haber mezclado negocios con placer. Introducir sexo en un acuerdo formal era una forma segura de desilusión. Solo hizo falta un susto de embarazo para que mi marido decidiera repetir posiciones, sabiendo que sería nuestro último encuentro.
Estoy empezando un nuevo bote de helado de Chocolate y El diario de una pasión cuando suena el intercomunicador. Lo ignoro, asumiendo que es un repartidor o alguien que vende biblias a domicilio, y honestamente, Emmett le paga al portero para que se encargue de todo eso. Pero un minuto después, vuelve a sonar, más tiempo y con más insistencia.
Frunzo el ceño y miro la hora en mi teléfono. Las once de la mañana de un miércoles. ¿Quién estaría de visita a esta hora? Emmett obviamente está en el trabajo, y Corey no se despierta antes de la una de la tarde: los peligros de la vida de bartender.
Mientras considero las posibilidades, el timbre suena de nuevo, durante tanto tiempo esta vez que oigo un trueno en la escalera y veo la cola de Roger entrando a toda velocidad en mi habitación.
Odia ese timbre. Pobre chico.
Gimiendo, me levanto del sofá y me pongo un suéter. Estoy vestida de forma desordenada con ropa deportiva, mi cabello en su desastre porque ni siquiera me molesté en ducharme hoy. ¿Por qué lo haría? Nadie más que Rayan Gosling y Rachel McAdams me iban a ver hoy. Y Roger, por supuesto. Pero Roger me ha visto en mis peores momentos y todavía me quiere.
A diferencia de algunas personas.
Antes de que pueda alcanzar el inter comunicador para comunicarme con el portero, alguien llama a la puerta. Grito: —¡Espera un segundo, Dios! — mientras la abro de golpe. Solo para que me quede boquiabierta.
De pie en nuestra puerta, vestida tan elegantemente que haría estremecer a Meryl Streep, es la abuela de Emmett.
—Sofia. Hola—
En los últimos meses, la he visto en un par de cenas familiares y en un evento de trabajo al que Emmett me arrastro y que involucraba el ejercicio de trabajo en equipo más incómodo del mundo: boliche en grupos. Pero esta es la primera vez que estoy a solas con ella en…bueno. Nunca.
Sofia me observa, arrugando la nariz ligeramente. —Veo que no estás en mucho mejor forma— Luego me roza y entra en la casa.
—Oh, eh…Emmett no está aquí— digo, y luego me doy cuenta de que no estoy cien por ciento segura de eso. Las únicas señales de vida que he visto de el en tres días son la luz de una habitación que se enciende cuando regresa tarde por la noche. Probablemente del trabajo. O tal vez de encontrar a alguna chica nueva y agradable con la que follar, no lo sé.
—Ya lo es— La abuela Sofia me clava su mirada más imperiosa. —Está en la oficina. Donde ha estado prácticamente durmiendo durante los últimos tres días— Arrastra un taburete de la encimera de la cocina y se sienta en él, con el aspecto de una entrevistadora. O de una interrogadora policial —¿Qué pasó? —
Parpadeo. Me lamo los labios una, dos veces. —¿Qué te hace pensar que paso algo? — No puedo obligarme a sostener su mirada acerada.
Sofia resopla. —No nací ayer. Reconozco los problemas matrimoniales cuando los veo— Me agita la mano.
Me ofendería, excepto que cuando bajo la mirada, noto más de una mancha de helado en mis pantalones de pijama raídos. Me trago un gemido.
—No importa—
—¿Por qué? ¿Por qué tu matrimonio es una farsa? — Arquea una ceja, y eso me detiene en seco.
Me congelo, mi mirada recorriendo el apartamento, como si pudiera encontrar una salida de emergencia en alguna parte. Mierda. Esta es la única persona a la que se supone que debemos engañar. La razón. La razón por la que Emmett me arrastró a este lío. Y aquí esta, lanzándome un interrogatorio en el peor momento posible.
—Yo—
—No te molestes en negarlo— interrumpe la abuela Sofia. —Lo sospechaba desde el principio. Aunque no lo confirme hasta anoche. Emmett dejo tu contrato sobre su escritorio. Debe de estar realmente de mal humor para ser tan descuidado—
Dice contrato como si otra persona dijera cucaracha. No ayuda en nada mis nervios, que ya estan en la punta.
—No es una farsa— digo, porque sé que Emmett querría que lo negara. Sin embargo, las palabras surgen con más sentimiento del que yo esperaba poder reunir fuerzas. Se me encoge el estómago. Porque me doy cuenta de que es cierto. Para mí, al menos.
—Quiero decir, tal vez empezó así, pero ahora yo…— Oh, Dios. —Creo que lo amo— murmuro más para mí misma que para Sofía.
Me mira como si no estuviéramos hablando de nada más complicado que el clima. —¿Crees que amas a tu esposo? Que terriblemente anticuado—
Niego con la cabeza. —Excepto que él no…quiero decir. No sé como se siente. Nosotros… yo…pensé que estaba embarazada. Y me hizo darme cuenta de que quiero tener hijos. Pero Emmett no, y ahora todo es un desastre— Cuando levanto la vista de nuevo, prácticamente puedo sentir la desesperación emanando de mi en oleadas.
La abuela Sofia suspira. Por primera vez desde que irrumpió aquí, parece genuinamente comprensiva. Me da una palmadita en la mano que descansa sobre la encimera de la cocina. —Mi nieto a veces puede ser un idiota— Eso me arranca una risa débil. —Lo cual es una pena, porque me gustabas—
Me gustabas. Ya en pasado. Cierro los ojos para intentar contener un repentino y horriblemente vergonzoso torrente de lágrimas. —Bien. Mensaje recibido—
—¿Qué mensaje? — La abuela Sofia se incorpora de nuevo. —Solo vine aquí para verificar cosas contigo antes de confrontar a mi nieto—
Genial. Ahora, además de todo lo demás, he descubierto por completo nuestra tapadera. Si Emmett no me odia ya y no me quiere fuera de su vida, lo hará ahora.
Parpadeo para contener las lágrimas mientras Sofía me da una palmadita en el hombro. —No te sientas culpable, querida. Es su error. Este tipo de cosas nunca salen como los hombres esperan—
Se me forma un nudo en la garganta. Todo lo que logro es asentir débilmente. Ni siquiera me despido mientras Sofia regresa a grandes zancadas por la habitación diáfana, con los tacones repiqueteando y sale.
Solo después de que se ha ido levanto la cabeza para observar la casa con ojos llorosos.
Por mucho que duela, Sofia tiene razón. Estas cosas nunca salen bien. Nadie hace que un matrimonio falso se vuelva real de repente. Miro el anillo en mi dedo. Parte de mi pago. Pero fracasé en mi trabajo, así que…Me lo quito del dedo y lo dejo en la encimera de la cocina, donde Emmett lo verá. Con suerte, podrá recuperar el dinero que gastó empeñándolo.
En cuanto al resto, el dinero de la matricula y los pagos…Le diré que lo cancele todo. No me siento bien aceptándolo cuando nuestro plan se acaba de derrumbar. Le escribo una nota corta y concisa al respecto, luego subo directamente las escaleras donde guarde mis maletas, ya estoy buscando mi teléfono.
Espero que a Corey no le importe que me quede en su sofá hasta que encuentre otro lugar. Tal vez también pueda recuperar mi trabajo en el loft, aunque eso parece demasiado pedir.
Dios, extrañaré el tiempo libre. Y este apartamento. Pero sobre todo…voy a extrañar a mi esposo.